El dedo y la luna

A propósito de la crisis de refugiados, escribe Ada Colau en su página de Facebook:

«Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.» Continúa leyendo El dedo y la luna

La universidad de Wert

No solo de pasta viven el Estado, los agentes políticos y las élites empresariales que se arriman al querer. También necesitan programas a largo plazo para mantener en pie el chiringuito. Así que ante la nueva ocurrencia del inefable Wert, que pretende reducir la duración de los Grados a tres años y aumentar la de los Másteres a dos, sería conveniente que no se sobrevalorasen demasiado las explicaciones que redundan en el afán recaudatorio y antisocial del nuevo decreto ley. Quizá habría que aplicar por enésima vez la lupa que más nos gusta aplicar por aquí: la de la estrategia y la conspiración. Veamos. Continúa leyendo La universidad de Wert

El terremoto

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El 25 de mayo del pasado año, Manuel Valls, nombrado hacía unas semanas primer ministro, decía en un mensaje grabado que los resultados de las elecciones europeas en Francia no habían sido una alerta, sino un terremoto. Se refería, por supuesto, al cataclismo que había hecho retroceder a los socialistas hasta el 13,8% de los votos, el mismo que había empujado al Frente Nacional de Marine Le Pen hasta el 26%, el mejor resultado de su historia. Como lógicamente cabía esperar, monsieur Valls demostraba así que en su partido habían entendido el mensaje del electorado, que tenía la grandeur suficiente como para reconocerlo en público, pero sobre todo que era consciente del drama que los partidos tradicionales habrían de empezar a vivir a partir de entonces.

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El verdadero 11-M

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El verdadero 11-M no empieza el once de marzo de 2004, cuando, entre las 07:37 y las 07:39, explotan diez bombas en cuatro trenes de cercanías (Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y Téllez). El verdadero 11-M tampoco empieza días antes, cuando Madrid es una de las sedes europeas de los ejercicios militares que, con el nombre en clave de CMX 04, realizan algunos países de la OTAN simulando un atentado terrorista. Ni siquiera cuando los servicios secretos franceses y marroquíes, con la ayuda de Alemania (uno de los participantes en esos ejercicios), perpetran los atentados con el fin de propiciar un vuelco electoral en las votaciones del 14 de marzo y devolver la política exterior española al tradicional redil de la UE. El verdadero 11-M, por supuesto, no comienza esa misma mañana, cuando el Gobierno de Aznar, que sabe perfectamente quiénes han matado a 191 personas y han dejado heridas a 1.841, pero que se acojona hasta lo indecible, en un intento desesperado de salvar el culo, engaña a todos los españoles propagando el bulo de la autoría de ETA. Tampoco meses más tarde, cuando Zapatero retira las tropas de Iraq, las envía a Afganistán, firma la Constitución Europea y regresa, escarmentado, a los brazos del Sacro Imperio.

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Una ciudad, un balcón, un catalejo

Esta tarde Azorín nos invita a subir al campanario de la catedral para contemplar  la ciudad. Sabemos que la ciudad no es ciudad sino España, pero nos dejamos llevar sin que se nos note que conocemos algunos tropos. En el campanario hay un catalejo, y por él debemos observar la huella que el tiempo va dejando. Es un tiempo como el de los demás países, tenaz e inexorable, con la mirada puesta siempre en el futuro. Continúa leyendo Una ciudad, un balcón, un catalejo