El dedo y la luna

A propósito de la crisis de refugiados, escribe Ada Colau en su página de Facebook:

«Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.» Continúa leyendo El dedo y la luna

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Un enorme montón de mierda

Cuando a Jesús se le ocurrió aquello de que la verdad nos haría libres, está claro que no pensaba precisamente en los españoles, al menos en la mayoría de nosotros. Tras la masacre del 11 de marzo de 2004, solo quienes viven instalados en la cúpula de un partido político, ocupan las altas jerarquías de alguna empresa de comunicación o forman parte de las cloacas policiales del Estado pueden gozar aquí de auténtica libertad y de un acceso sin restricciones a esa verdad que los demás ni olemos. Porque todo: la manipulación informativa vivida después de los atentados, la desaparición de las pruebas, la ineficaz sentencia de 2007… o sea, todo, forma parte de una densa cortina de humo que únicamente ha perseguido el hartazgo, la confusión y, finalmente, el olvido. «Que sea tan enrevesado que cualquiera pueda tener una teoría, pero que nadie sepa la verdad», dice Ray Winston interpretando el papel de un espía apagafuegos en Al límite, un blockbuster de palomitas y cocacola que solo por esta sentencia vale la pena tragarse.
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El terremoto

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El 25 de mayo del pasado año, Manuel Valls, nombrado hacía unas semanas primer ministro, decía en un mensaje grabado que los resultados de las elecciones europeas en Francia no habían sido una alerta, sino un terremoto. Se refería, por supuesto, al cataclismo que había hecho retroceder a los socialistas hasta el 13,8% de los votos, el mismo que había empujado al Frente Nacional de Marine Le Pen hasta el 26%, el mejor resultado de su historia. Como lógicamente cabía esperar, monsieur Valls demostraba así que en su partido habían entendido el mensaje del electorado, que tenía la grandeur suficiente como para reconocerlo en público, pero sobre todo que era consciente del drama que los partidos tradicionales habrían de empezar a vivir a partir de entonces.

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El verdadero 11-M

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El verdadero 11-M no empieza el once de marzo de 2004, cuando, entre las 07:37 y las 07:39, explotan diez bombas en cuatro trenes de cercanías (Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y Téllez). El verdadero 11-M tampoco empieza días antes, cuando Madrid es una de las sedes europeas de los ejercicios militares que, con el nombre en clave de CMX 04, realizan algunos países de la OTAN simulando un atentado terrorista. Ni siquiera cuando los servicios secretos franceses y marroquíes, con la ayuda de Alemania (uno de los participantes en esos ejercicios), perpetran los atentados con el fin de propiciar un vuelco electoral en las votaciones del 14 de marzo y devolver la política exterior española al tradicional redil de la UE. El verdadero 11-M, por supuesto, no comienza esa misma mañana, cuando el Gobierno de Aznar, que sabe perfectamente quiénes han matado a 191 personas y han dejado heridas a 1.841, pero que se acojona hasta lo indecible, en un intento desesperado de salvar el culo, engaña a todos los españoles propagando el bulo de la autoría de ETA. Tampoco meses más tarde, cuando Zapatero retira las tropas de Iraq, las envía a Afganistán, firma la Constitución Europea y regresa, escarmentado, a los brazos del Sacro Imperio.

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Sin épica

Del μῦθος al λόγος, pero también del μῦθος al  ἔπος. Son las dos sendas que recorre el pensamiento occidental. Por la primera transita la Filosofía; por la segunda, la Literatura. La primera se llamará en un primer momento Física; la segunda, Épica. Quizá sea en esta última donde resida la prueba más incontestable de que la concepción judeocristiana y marxista de la Historia, siempre apuntando hacia el futuro en una línea recta que alberga la promesa de un final, es una burda mentira. Habitamos una espiral que avanza, sí, pero que también vuelve sobre sí misma en un plano diferente, como un mandala vertiginoso e infinito, sin un origen claro y, por supuesto, sin objetivo, sin redención.
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Nadie pierde

Lo que es la regla del consenso, crear estados de opinión uniformes y estereotipados, es también su prioridad, pues de ellos se alimenta y por ellos se perpetúa. Pero el consenso sabe que la realidad del súbdito es moral, y, puesto que su percepción siempre estará guiada por la dicotomía, es plenamente consciente también de que habrá de adaptarse o perecer. El consenso necesita enemigos, reversos tenebrosos, lados oscuros, amenazas exteriores e interiores a las que enfrentarse para justificar el mundo plano que ha erigido. De los laboratorios secretos del consenso salen todos los adversarios que este condena oficialmente. Las piezas que se cobra de los otros, los auténticos rivales, los verdaderos disidentes, jamás se muestran en público. Continúa leyendo Nadie pierde