Culos al aire

No desbarremos, por favor. Guillermo Zapata no es nazi, ni proetarra, ni anti Marta del Castillo. Se equivocan los que se tragan ese sapo de la propaganda y no son capaces de ver que en realidad Zapata es un pelele, además de un inútil que posee un pésimo sentido del humor. Deberían hacérselo mirar, porque su grado de exposición a cortesanos como Marhuenda o a periolistos como Jiménez Losantos es preocupante. Pero, por otro lado, aquellos que están en contra de su dimisión y denuncian la doble vara de medir y la hipocresía de quienes la han forzado, no solo pierden el tiempo sino que están cometiendo el mismo pecado que condenan. Porque las falacias que acusan a Zapata están al mismo nivel que cualquiera de esas imputaciones de políticos que los nuevos partidos como el del protagonista han estado tildando de intolerables. Si un imputado debe dimitir, Zapata también. Es más, si un imputado que se aferra a su acta de concejal es “casta”, Zapata, en estos momentos, también lo es.
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¿Qué coño podemos hacer?

Soy consciente de que este texto, resumen de otro mucho más farragoso que publiqué en el blog hace dos años, es completamente inoportuno, no por lo que dice, sino por el momento en el que está siendo publicado. En estos días de ruido mediático, cuando la mayoría cree que, para bien o para mal, España se halla ante el abismo del principio del fin del régimen, muy pocos, si pasan de los tres o cuatro primeros párrafos, verán en él algo de interés. Supongo que lo considerarán absolutamente desconectado de la realidad o, en el mejor de los casos, el plúmbeo bizantinismo de alguien que no llega siquiera a la categoría de intelectual de salón. El mundo, concluirán, va ahora por otros derroteros. Continúa leyendo ¿Qué coño podemos hacer?

Taxonomía del activista político español

¿Quiere usted algo irrefutable en la llamada ciencia política? Bien, ahí va: las reglas del juego definen el juego. O sea, no pretenda usted jugar a la oca con las reglas del parchís porque al final no jugará ni a una cosa ni a la otra. La democracia formal, en países con millones de habitantes, tiene dos condiciones básicas para ser democracia formal: separación de los tres poderes y representación efectiva del ciudadano. Convendrá conmigo el lector en que en España, se mire por donde se mire, no existe nada parecido. ¿Entonces por qué hay quienes, considerándose a sí mismos demócratas, participan en política como si nuestro país fuera una democracia? Me temo que solo existen dos respuestas posibles: una, por ignorancia de cuáles sean las reglas de juego de una democracia formal; dos, por intereses personales que nada tienen que ver con el bien común. De la primera respuesta surge el bienintencionado, el iluso de toda la vida. De la segunda, el oportunista, también de toda la vida.
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5 razones por las que Celia Villalobos puede jugar al Candy Crush sin que le ocurra absolutamente nada

No sé a qué viene tanto revuelo. ¿De verdad que es tan escandaloso que la señora Celia Villalobos haya sido sorprendida jugando al Candy Crush en pleno debate sobre el estado de la nación? Hombre, creo yo que lo sería en un país serio, con un sistema político serio y con unos representantes serios (y que representaran, ya de paso, seriamente a alguien). ¿Pero en España? ¿Es que nos hemos caído del guindo otra vez o qué pasa aquí? ¿Acaso ya estamos con la misma pantomima de censurar moralmente a alguien que vive de un medio (el político) corrompido hasta los cimientos? Desde que tengo uso de razón (y soy de la generación del 75), siempre me ha parecido que hacer aspavientos por la corrupción de los políticos españoles es como cargar contra el pobre porquerizo por llevar los pantalones perdidos de mierda.
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Isabel II de Inglaterra es más republicana que Pablo Iglesias

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España nunca fue un país de sfumato, sino de trazo grueso. Del mismo modo que aquí el Iluminismo francés solo pudo contentarse con ser un anticlericalismo afrancesado, el republicanismo se sigue entendiendo como un antimonarquismo ultramontano, nostálgico todavía de los años treinta del pasado siglo. Una república garantista y constitucional es un concepto político que trasciende la mera sustitución del rey por un presidente, y comprende además otras medidas que la definen y la diferencian de lo que proponen los republicanos de la izquierda española (los otros, los liberales, ya sabemos que jamás dicen ni mu). Continúa leyendo Isabel II de Inglaterra es más republicana que Pablo Iglesias

No Constitution Day

Todo poder aspira a dominar el lenguaje. El proceso no es lento ni doloroso. Al contrario. Es veloz como el pensamiento. Leve como el vuelo de los vilanos. Por eso, cada vez que un partido forma gobierno en España, lo primero que hace es ocupar los principales cuarteles de la propaganda. Cambia la dirección de las televisiones. Pacta con los medios. Subvenciona el papel de periódico. Deroga leyes educativas. Y después todo llega con la naturalidad de una ráfaga de viento. Aparecen palabras. Se encadenan locuciones. Se forjan consignas. Por fin se traban nuevas realidades.

De sobra sabe el poder que el lenguaje es menos comunicación que poiesis. Continúa leyendo No Constitution Day

Vergüenza torera

A pesar de que los clanes que se han repartido el pastel del Consejo General del Poder Judicial vendan el hecho como una hazaña del pacto y del consenso democrático, usted y yo sabemos que esto huele a todo menos a democracia. No le voy a pedir que comprenda que, donde hay consenso, no hay democracia; tampoco pretendo que sea usted un experto en la ciencia política y entienda que, además, donde no hay separación de poderes tampoco puede haber democracia. Simplemente apelo a su sentido común -algo que no depende de sus conocimientos sino de su experiencia- esperando que, más allá de las palabras de Gallardón, Rubalcaba o Cayo Lara, sea capaz de ver la maniobra colectiva de blindaje que acaban de hacer los principales partidos ante los numerosos casos de corrupción que los amenazan. El contubernio judicial no es más que el acto de autodefensa del régimen político y de sus agentes más conspicuos. Continúa leyendo Vergüenza torera