Breaking Bad

A medida que el cómico Walter White se transforma en el trágico Heisenberg, se va haciendo un personaje cada vez más moral. Su deserción al lado oscuro deja arrinconado ese otro conflicto inicial que revela cómo un simple profesor de instituto se enfrenta con valentía a su mediocre situación personal y económica. En cuanto esto ocurre, la serie gana en complejidad literaria, por supuesto, pero pierde en desparpajo y golfería. Para mí, es mucho más sugestivo aquel señor White del principio, que es capaz de hacer estallar el descapotable de esa especie de bróker adicto al móvil que se le cuela en una gasolinera, que el Heisenberg final, que aspira a ser el rey de la metanfetamina.
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