Los dueños de las palabras

Primero están los dueños de las palabras y luego el resto de los mortales. Primero están los que, como diría Max Estrella, tienen derecho al alfabeto, después todos los demás. Pero los dueños de las palabras ya no son poetas, ni siquiera ostentan una cultura elevada o poseen una inteligencia superior. Simplemente están ahí, en el bucle de la oligarquía hispana, y tienen acceso a la cámara de televisión, al trending topic, a la página impresa. Y también al lenguaje. No inventan palabras nuevas, sino que adelgazan las que ya existen y las convierten en tristes artefactos monosémicos que el vulgo, es decir, nosotros, suele asumir y hacer suyos con piadoso fervor. La poesía ha muerto; larga vida al eslogan político. Continúa leyendo Los dueños de las palabras

El día de

A pesar de que nos esforzamos en aparentar lo contrario, seguimos siendo animales de liturgias. Por eso los hermanos de esa distopía orwelliana que es la ONU nos han ido calzando el santoral de los “días de” sin apenas esfuerzo, con la naturalidad de una lavativa. Y todo con el propósito de poner límites a aquello que las élites consideran que es incontinencia de la masa o enfermedad social. Hay quien se presta a este chamanismo laico absolutamente convencido de que, plantando un árbol, haciendo una cadena humana, compartiendo un meme en Facebook o guardando un minuto de silencio, se puede (se debe) acabar con el hambre, las guerras o el cambio climático. Continúa leyendo El día de

Colorín colorado

Sí, la ocurrencia de la directora del Instituto Canario de la Mujer, Elena Máñez, parece un chiste. El amor romántico es sexista, dice, utiliza roles que menoscaban la dignidad de la mujer, ya que esta siempre aparece como la parte más débil y desvalida de la relación. Los cuentos infantiles son la expresión más clara y desarrollada de dicha discriminación, asegura, pues las princesas siempre son salvadas por un príncipe azul y todas parecen estar presentes allí con el único objetivo de casarse, ser felices y comer perdices. Es más, concluye, el mito del príncipe azul es patriarcal y heteronormativo, y vuelve invisibles otros tipos de relaciones afectivo-sexuales. ¿No es para descojonarse? Continúa leyendo Colorín colorado

Barra libre

Vamos a ver si la cosa queda clara. Y que conste que no lo voy a repetir más. Así que ya pueden ustedes dejar de hacer aspavientos cada vez que se enteran de que cualquier salvaje hijo de la gran bretaña ha confundido a algún profesor con un saco de kick-boxing, como acaba de ocurrir en el IES Nueva Andalucía de Marbella.
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El arroz y la inteligencia emocional

Pongamos por caso que un día usted no tiene nada que hacer, así que llena dos tazones con arroz hervido y comienza a hablarles. A uno de ellos le dice cosas feas, se dirige a él cabreado, o triste, o le cuenta sus penas y todo eso. Al otro le lanza sonrisas, frases de ánimo, algún piropo o un besito en la distancia. ¿Qué cree que ocurre? ¿Nada? Pues está usted muy equivocado. Según Ana Peinado, una psicóloga que desde hace meses recorre los institutos de media satrapía murciana dando charlas sobre inteligencia emocional, ante sus asombrados ojos se obrará el milagro de que el que ha recibido todo su mal rollo se pudrirá mucho antes que el que ha sido agraciado por su simpatía. Bueno, en realidad no se trata de un milagro; como no se cansa de repetir la psicóloga, es un hecho demostrado. O sea, se trata de ciencia. Continúa leyendo El arroz y la inteligencia emocional

Atontaos

Una de las puertas de emergencia que hay en el instituto donde trabajo da directamente a la calle. Algunos profesores la utilizamos durante los recreos para salir a fumar, porque así nos evitamos la larga caminata que separa, a través del patio, el edificio de las aulas y la puerta oficial del centro. Como solo se puede abrir desde dentro, insertamos un trozo de plástico en la cerradura. Una vez satisfecho el mono, lo retiramos, lo dejamos en el pasillo para el siguiente yonqui que quiera hacer uso de su libertad para joderse los pulmones y aquí no ha pasado nada. Continúa leyendo Atontaos

Emprendedor

Cada época posee su propio lenguaje. Cada lenguaje posee sus propias palabras. El poder (difuso concepto que nombra algo aún más difuso) tiene en el lenguaje una herramienta decisiva para construir presentes plenos de promesas. El lenguaje del poder no es espontáneo ni tampoco convencional. Es un producto prefabricado. Por eso, en el fondo, el lenguaje del poder es un antilenguaje. Y sin embargo está presente. Más que eso: es ubicuo, tanto que ya forma parte de nuestras vidas. A veces pienso que ha usurpado el trono de la literatura y utiliza sus mismos recursos. Hoy el político genera realidades como antes lo hiciera el poeta. Continúa leyendo Emprendedor