Periodistas de mentira

La crisis del periodismo viene de lejos y tiene más que ver con sus profesionales que con los archicomentados cambios de modelo de negocio o las injerencias de los poderes fácticos. Es más, el periodismo no se vería en apuros si existieran periodistas de verdad. Y un periodista de verdad es aquel que es capaz de vender a su madre, de jugarse el cuello y el prestigio, y de estar dispuesto a dejar con el culo al aire a sus superiores por una buena noticia o por un análisis que ofrezca al público un rayo de luz sobre la siempre oscura realidad. Un periodista de verdad no tendría ningún problema en adaptarse a los nuevos canales de comunicación, al contrario, tardaría pocos días en aprovechar las ventajas que estos le ofrecen. Un periodista de verdad no permitiría el mangoneo en su trabajo, por muy poderosos que fuesen los mangoneadores. En definitiva, un periodista de verdad, si de verdad existiera, habría sido la mejor triaca en la crisis del periodismo. Continúa leyendo Periodistas de mentira

Un periolisto

Si hay alguien que me desespere más que un periodista cortesano tipo Marhuenda, es un periolisto. Aunque ambos formen parte de la fiel infantería del régimen, aunque los dos se cuadren ante sus patronos políticos y empresariales, las formas, el alcance mediático de su trabajo y, sobre todo, la capacidad de persuasión que poseen, establecen sutiles diferencias entre ellos. Para empezar, mientras que el primero, el cortesano, asume su personaje con la pachorra de quien no teme a nada porque el mundo está bien hecho (gracias a los servicios prestados tiene a buen recaudo tanto la soldada presente como el futuro retiro), el otro se nos muestra con la vitola de la autonomía profesional y suele ir de periodista bocazas que no se arredra ante nadie. Para terminar, si bien a ambos se les suele ver venir desde Tombuctú, el periolisto se esmerará en ser mucho más didáctico en sus argumentos, pues le pagan para persuadir a la opinión pública de que su integridad personal y su independencia profesional le han empujado inevitablemente a abrazar cierta ideología, o sea, que es rebelde porque el mundo lo ha hecho así. Continúa leyendo Un periolisto

Pedrojota

Ante su redacción, el Ciudadano Ramírez se encaramaba hace unos días al púlpito de papel y escenificaba, como siempre ha hecho, la misma estrategia de montarle un decorado a la consigna, que esta vez era muy clara: “a mí nadie me ha sugerido nada, a mí me han echado”. Y sin embargo yo, aunque me esfuerce en lo contrario, del revuelo mediático que ha suscitado la marcha de Pedrojota solo puedo quedarme con la imagen de vendedor de crecepelo que daba en esa despedida televisada en directo. Con eso y con la morbosa impresión de que lo que un servidor estaba presenciando allí no era otra cosa que pura pantomima.
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