Sectas de la felicidad

A pesar de que los procesos de enseñanza y de aprendizaje nada tienen que ver con la felicidad, a pesar de que para que el discente adquiera los conocimientos requeridos el docente debe vencer las barreras que aquel (es una ley no escrita) suele levantar siempre que puede, a pesar de que llegar a comprender ciertas cosas del mundo no nos hace más felices sino más sabios, en definitiva, a pesar de que la asunción de nuestra herencia cultural y científica acarrea sus buenas dosis de dolor y de melancolía («porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia, y quien aumenta el conocimiento aumenta el dolor»; Eclesiastés 1:18), los hacedores de la realidad y de las leyes educativas quieren que seamos felices, están decididos a que nos subamos al carro del pensamiento positivo y pretenden endilgarnos la nueva fe de la educación emocional y de las inteligencias múltiples.
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La Educación Física es una “maría”

Esta mañana he mantenido una animada charla con un buen amigo mío, profesor de Educación Física, acerca de su asignatura. Todo ha venido a raíz del tema de las reválidas que dentro de un año la LOMCE implantará en la Secundaria y el Bachillerato (se supone). El hecho de que esté previsto que su materia quede excluida de esos exámenes ha suscitado una reflexión acerca de la presencia y la importancia de la Educación Física en el sistema educativo. Lejos de la monserga buenrollista que concibe su materia como una vía para el desarrollo personal, la vida saludable y bla, bla, bla, mi amigo, muy sensatamente, ha aportado una explicación que a mí me parece indiscutible: la Educación Física no tiene el peso que se merece porque, básicamente, es considerada una “maría” por todo el mundo, y ahí están incluidos también los profesores de Educación Física.
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Burocracia

Cuando cambia una ley educativa, cambia también el lenguaje que se utiliza para describir la realidad. Entiéndaseme, la realidad continúa siendo exactamente la misma, pero la germanía de las nuevas leyes intenta que no lo sea, convencido el legislador, como el chamán de otras épocas, de que las palabras pueden influir en las cosas. O séase, que si por ejemplo me invento términos como “competencias clave” o “estándares de aprendizaje” (que es la moda lomciana ahora mismo), de repente tiene que surgir ex nihilo algo que sea una “competencia clave” o un “estándar de aprendizaje”, perlas que siempre estuvieron ahí, por supuesto, pero que solo la mente clarividente (y nunca lo suficientemente reconocida por el vulgo) del pedagogo áulico que asesora al politicastro de turno ha podido descubrir para la posteridad. Aunque, como todo el mundo sabe, tales “competencias” y “estándares” sean igualitos que aquellas otras ocurrencias que la LOE y la LOGSE llamaron respectivamente “competencias básicas” o “criterios de evaluación”.
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Hay pacto

Sí, lo hay. Lo siento por todos aquellos que lo piden a gritos desde hace tiempo o incluso lo llevan en su programa electoral. Repito, hay pacto. Y la prueba es que nadie ha eliminado del mapa educativo el engendro de la ESO, a pesar de que, siendo como fue el mascarón de proa de la reforma del año 90, el símbolo de la comprensividad y la escuela inclusiva, haya fracasado estrepitosamente. Solo los cegados por los fuegos fatuos de la ideología y la fe pedagógica son incapaces de asumirlo. Es tan evidente que no ha funcionado, que imagino que hasta quienes en su día levantaron el chiringuito hoy saben que les salió una mierda así de grande; mierda que, por su ubicación como ciclo, ha terminado enmierdando además la Primaria y el Bachillerato. Así pues, insisto: el hecho de que después de la LOGSE nadie haya intentado siquiera echar abajo este podrido andamiaje (la LOMCE ni siquiera se acerca a quitarle un poco el polvo del camino) significa que hay un pacto que dura ya un cuarto de siglo. Continúa leyendo Hay pacto

Directores

Por supuesto hay de todo en la viña del señor. Los hay de múltiples colores y sabores. Los hay peleones y honrados, con ese marcado criterio profesional, tan incómodo a la consejería, que les obliga a combatir contra el hado adverso cada vez que suena el teléfono del despacho. Pero mucho me temo que esos directores no abundan en la actualidad, es más, para mí que están en vías de extinción. O tal vez sí, tal vez sean mayoría y lo que ocurre es que yo, en estos trece años que llevo en el oficio, he tenido la mala suerte de toparme con muy pocos que hayan hecho honor a su puesto.
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Si yo fuera Presidente

Si yo fuera Presidente y me creyese todo ese rollo de que la educación de un país es la base de su prosperidad, lo primero que haría, tras ser elegido, sería cambiar el sistema de enseñanza. Radicalmente. Y para ello pondría los ojos en el país más próspero del mundo, EE.UU., y luego en sus colegios, institutos y universidades, con el fin de copiar, palabra por palabra, la fórmula del éxito. Antes, cuando era un advenedizo en cuestiones educativas y suponía que el destrozo de la enseñanza pública se debía a la incapacidad y a la estulticia de los gobiernos que habían puesto sus sucias manos sobre ella, pensaba que la solución podría ser así de fácil. Después me di cuenta de que estaba equivocado, por supuesto, y también me percaté de que, si en el adagio con el que he empezado el artículo sustituía ‘prosperidad’ por ‘sistema productivo’, tendría la oportunidad de explicar más acertadamente el desastre. Continúa leyendo Si yo fuera Presidente

Dicen por ahí

Esto es lo que dice la LOE:

La educación es el medio más adecuado para garantizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, responsable, libre y crítica, que resulta indispensable para la constitución de sociedades avanzadas, dinámicas y justas. Continúa leyendo Dicen por ahí