Los liberales y la enseñanza

Mentiría si dijera que nunca he podido comprender cómo los a sí mismos llamados liberales no solo acatan, sino que aplauden con las orejas los sistemas de financiación pública del sector educativo privado, cómo esa derecha que va de libertaria por la vida blinda los conciertos allá donde gobierna, aun sabiendo la flagrante contradicción que ello supone en su propio discurso. Lo comprendo, y muy bien además. Todos estos apóstoles de la libertad acatan y exigen los conciertos porque de liberales, en realidad, tienen lo que yo tengo de derviche girador. La derecha hispanistaní no ha sido jamás liberal, ha sido socialdemócrata (es decir, franquista), y, desde el principio de los tiempos, ha crecido a la sombra de la Iglesia, que es el lobby socialdemócrata por antonomasia que está detrás de la mayoría de los conciertos educativos. La enseñanza concertada, por tanto, un invento que el PSOE aprueba en 1985, es más estatista y prusiana que la enseñanza pública, pues en ella participa, además del Estado, toda la mamandurria que vive a su costa.
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Callan como putas

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Ayer, en la concentración a favor de la república a la que acudí para ver qué se cocía, puse casi sin pretenderlo dos corolarios a un pensamiento que lleva rondándome la cabeza desde hace años. El primero de ellos es la certeza, ya expresada aquí en alguna ocasión, de que la izquierda se ha apropiado de la palabra “república” y de la idea que los españoles tienen de ella. Por supuesto, esto no es ninguna novedad, pues la república, y más concretamente la Segunda República, es uno de los mitos más persistentes del folklore del progresismo hispano. Por eso no es de extrañar que en saraos de este tipo abunden las tricolores, los puños, las hoces y las estrellas rojas, y por eso tampoco voy a detenerme demasiado en este punto. La segunda conclusión está un poco menos trillada y es, cuando menos, bastante interesante: la aquiescencia con que el presunto republicanismo liberal ha permitido que esta usurpación se lleve a cabo y que, por consiguiente, el concepto “república” se haya convertido, quién sabe si irremediablemente, en una ideología.
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Emprendedor

Cada época posee su propio lenguaje. Cada lenguaje posee sus propias palabras. El poder (difuso concepto que nombra algo aún más difuso) tiene en el lenguaje una herramienta decisiva para construir presentes plenos de promesas. El lenguaje del poder no es espontáneo ni tampoco convencional. Es un producto prefabricado. Por eso, en el fondo, el lenguaje del poder es un antilenguaje. Y sin embargo está presente. Más que eso: es ubicuo, tanto que ya forma parte de nuestras vidas. A veces pienso que ha usurpado el trono de la literatura y utiliza sus mismos recursos. Hoy el político genera realidades como antes lo hiciera el poeta. Continúa leyendo Emprendedor