Podemos y la enseñanza

Debido a cierta deformación profesional, me he estado interesando últimamente por todo aquello que Podemos tuviera que decir sobre la educación pública, y he llegado a la triste conclusión de que la atención prestada es más bien exigua, y sus miras de escasísimo vuelo. En el capítulo 3 de su Documento final del programa colaborativo, el dedicado un poco rimbombantemente a conquistar la igualdad y construir la democracia (sic), solo el tercer apartado (el cuarto se centra en la universidad) trata de la educación preuniversitaria. En él se pueden encontrar los viejos temas de siempre: supresión de ayudas a la concertada, fomento de la innovación pedagógica, del pensamiento crítico y del bla, bla, bla, apertura de la gestión a eso tan difuso pero tan querido por el sindicalismo más engagé que es la ‘comunidad educativa’, y, por supuesto, la ayuda destinada a la compra de material escolar. Continúa leyendo Podemos y la enseñanza

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Vamos a ver si la cosa queda clara. Y que conste que no lo voy a repetir más. Así que ya pueden ustedes dejar de hacer aspavientos cada vez que se enteran de que cualquier salvaje hijo de la gran bretaña ha confundido a algún profesor con un saco de kick-boxing, como acaba de ocurrir en el IES Nueva Andalucía de Marbella.
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Autor, autor

Hubo un tiempo en que se vivía sin autores. Hasta hace relativamente poco, el arte, la ciencia, la literatura no precisaban esa figura que sin embargo hoy parece indispensable. ¿Quiénes fueron los arquitectos que idearon las pirámides de Egipto? ¿Quién compuso el Cantar de Roldán? ¿Quién inventó la rueda o el papel? ¿Quiénes son los artífices del insuperable Románico? Quizá antes se tuviera la certeza (muy razonable, por cierto) de que la obra era, al fin y al cabo, muchísimo más importante, y, puesto que esta permanecería durante más tiempo en la vida de los hombres, infinitamente superior a su creador.

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Eichmann en el instituto

La idea consistía en que los alumnos de 1º de Compensatoria cometieran un pequeño acto terrorista en el instituto. El tema estaba claro desde el principio: ¿por qué no quiero estudiar? Luego escribiríamos un pequeño texto, doscientas palabras apenas, tratando de convencer a quien lo leyese de que, antes de los dieciséis años, había más vida al otro lado de la cárcel escolar si se tenían medianamente claros los objetivos vitales. Finalmente, imprimiríamos el panfleto en DIN A3 y lo pegaríamos en las puertas de todas las aulas. La acción tendría que ser anónima y se llevaría a cabo durante la hora de clase, en plan comando ultrasecreto. Continúa leyendo Eichmann en el instituto