Cinco años después del 15-M

Cinco años después del 15-M, ni dios recuerda por qué surgió todo, y mucho menos qué quería decir en realidad la consigna aquella de “No nos representan”. Podemos, Ciudadanos y los pequeños partidos de corte caciquil-nacionalista están donde están gracias al mismo sistema electoral que sigue sin representar a nadie. Todos ellos se están beneficiando de los mismos privilegios y juegan con las mismas reglas. Dan mítines de campaña, hacen coaliciones, se financian con dinero público, sueñan con ministerios… Hablan de impuestos, de rentas básicas, ponen falda a los semáforos peatonales y cambian cabalgatas, pero ya nadie cuestiona la inseparación de poderes ni las listas electorales.
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La guardia roja de la Religión

No digo yo que uno no deba cabrearse por el nuevo currículo de la asignatura de Religión que el gobierno acaba de publicar en el BOE, ni que tampoco proteste por la desfachatez de que, a estas alturas de la civilización occidental, todavía siga vigente el concordato de 1979. Ahora bien, lo que me parece exagerado es esa histeria colectiva que suele arreciar cuando se mentan las bichas de la religión y de la escuela. Ahí es cuando todo se sale de madre.
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La tensión

Un conocido se ha enfadado conmigo esta mañana porque me he negado a acompañarle a la reunión que Podemos organiza hoy en mi localidad. Hace dos días una compañera de trabajo casi me retira la palabra porque me atreví a llamar corrupto al rey recién abdicado. En esta gigantesca tertulia de casinillo que siempre ha sido España, a los que no hemos minusvalorado todavía la arbitrariedad del régimen político, a quienes nos atrevemos a advertir que aquí nadie lo ha herido de muerte, a los que vemos en todo lo que ocurre la sombra de la propaganda, nos están empezando a caer las del pulpo. Continúa leyendo La tensión

Callan como putas

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Ayer, en la concentración a favor de la república a la que acudí para ver qué se cocía, puse casi sin pretenderlo dos corolarios a un pensamiento que lleva rondándome la cabeza desde hace años. El primero de ellos es la certeza, ya expresada aquí en alguna ocasión, de que la izquierda se ha apropiado de la palabra “república” y de la idea que los españoles tienen de ella. Por supuesto, esto no es ninguna novedad, pues la república, y más concretamente la Segunda República, es uno de los mitos más persistentes del folklore del progresismo hispano. Por eso no es de extrañar que en saraos de este tipo abunden las tricolores, los puños, las hoces y las estrellas rojas, y por eso tampoco voy a detenerme demasiado en este punto. La segunda conclusión está un poco menos trillada y es, cuando menos, bastante interesante: la aquiescencia con que el presunto republicanismo liberal ha permitido que esta usurpación se lleve a cabo y que, por consiguiente, el concepto “república” se haya convertido, quién sabe si irremediablemente, en una ideología.
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El “Plan Podemos”

Comienzo a intuir que algo pasa cuando veo que aquí el único enmierdado hasta las cejas es el PSOE. Lo está, no solo porque los votos se le hayan ido volando a otros partidos o porque todo esto le pille en bragas y ahora, después de años siguiendo a rajatabla la ley de hierro de Michels, no haya absolutamente nadie entre sus filas con un cociente intelectual y político en condiciones para tratar de salvarlo, sino porque en la cúpula saben que la izquierda se ha llevado más o menos el mismo número de votos que en las elecciones de 2011. Esto quiere decir dos cosas: una, que sus votantes naturales han movido el esqueleto y han acudido a votar; y dos, que la abstención de 2014 (sin contar a los abstencionistas de toda la vida) votó al PP hace tres años.
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Un periolisto

Si hay alguien que me desespere más que un periodista cortesano tipo Marhuenda, es un periolisto. Aunque ambos formen parte de la fiel infantería del régimen, aunque los dos se cuadren ante sus patronos políticos y empresariales, las formas, el alcance mediático de su trabajo y, sobre todo, la capacidad de persuasión que poseen, establecen sutiles diferencias entre ellos. Para empezar, mientras que el primero, el cortesano, asume su personaje con la pachorra de quien no teme a nada porque el mundo está bien hecho (gracias a los servicios prestados tiene a buen recaudo tanto la soldada presente como el futuro retiro), el otro se nos muestra con la vitola de la autonomía profesional y suele ir de periodista bocazas que no se arredra ante nadie. Para terminar, si bien a ambos se les suele ver venir desde Tombuctú, el periolisto se esmerará en ser mucho más didáctico en sus argumentos, pues le pagan para persuadir a la opinión pública de que su integridad personal y su independencia profesional le han empujado inevitablemente a abrazar cierta ideología, o sea, que es rebelde porque el mundo lo ha hecho así. Continúa leyendo Un periolisto

El nuevo ciudadano concienciado

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Desde hace poco, sobre todo a partir del 15-M, ha ido surgiendo una nueva concienciación ciudadana, y, con ella, hay cada vez más personas que se interesan por asociaciones, plataformas y partidos políticos recién estrenados que intentan ofrecer soluciones a la crisis. La verdad es que tienen donde elegir, pues el abanico de opciones es amplio y colorido. El nuevo concienciado asiste a reuniones, se agrega a grupos en las redes sociales, comenta, participa, elabora pancartas, se pone la camiseta de un color y grita consignas en la calle. Es todo fe, es todo voluntad, pero también, y precisamente por ello, tarde o temprano termina siendo víctima del escepticismo. ¿Por qué su compromiso no fructifica y parece estar sujeto a esa poderosa entropía que muere en el desencanto? Continúa leyendo El nuevo ciudadano concienciado