Sectas de la felicidad

A pesar de que los procesos de enseñanza y de aprendizaje nada tienen que ver con la felicidad, a pesar de que para que el discente adquiera los conocimientos requeridos el docente debe vencer las barreras que aquel (es una ley no escrita) suele levantar siempre que puede, a pesar de que llegar a comprender ciertas cosas del mundo no nos hace más felices sino más sabios, en definitiva, a pesar de que la asunción de nuestra herencia cultural y científica acarrea sus buenas dosis de dolor y de melancolía («porque en la mucha sabiduría hay mucha angustia, y quien aumenta el conocimiento aumenta el dolor»; Eclesiastés 1:18), los hacedores de la realidad y de las leyes educativas quieren que seamos felices, están decididos a que nos subamos al carro del pensamiento positivo y pretenden endilgarnos la nueva fe de la educación emocional y de las inteligencias múltiples.
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El arroz y la inteligencia emocional

Pongamos por caso que un día usted no tiene nada que hacer, así que llena dos tazones con arroz hervido y comienza a hablarles. A uno de ellos le dice cosas feas, se dirige a él cabreado, o triste, o le cuenta sus penas y todo eso. Al otro le lanza sonrisas, frases de ánimo, algún piropo o un besito en la distancia. ¿Qué cree que ocurre? ¿Nada? Pues está usted muy equivocado. Según Ana Peinado, una psicóloga que desde hace meses recorre los institutos de media satrapía murciana dando charlas sobre inteligencia emocional, ante sus asombrados ojos se obrará el milagro de que el que ha recibido todo su mal rollo se pudrirá mucho antes que el que ha sido agraciado por su simpatía. Bueno, en realidad no se trata de un milagro; como no se cansa de repetir la psicóloga, es un hecho demostrado. O sea, se trata de ciencia. Continúa leyendo El arroz y la inteligencia emocional