Emoción pública

Desde que vi por primera vez la foto de Aylan Kurdi, el niño muerto en la playa, llevo días sin pensar. Ha sido como si todas las ganas de armar un discurso que mostrara a la gente lo que pienso se me hubieran ido por el desagüe. Bueno, sí, en realidad he estado pensando, pero solo cosas absolutamente irracionales, si se me permite el oxímoron, ocurrencias movidas por la tristeza y la rabia. Por ejemplo: he pensado que aquella criatura podría ser mi hija y que nadie merece sufrir tanto como deben de estar sufriendo sus familiares. O sea, más que pensar, he sentido.
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El dedo y la luna

A propósito de la crisis de refugiados, escribe Ada Colau en su página de Facebook:

«Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.» Continúa leyendo El dedo y la luna

Preguntas que me hago

Durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, los aliados mantuvieron dos posturas absolutamente enfrentadas acerca de qué hacer en Europa una vez hubiese caído Alemania: por un lado estaba la de Roosevelt, que no deseaba quedarse en el continente más tiempo del necesario; por otro, la de Churchill, quien pretendía que EE.UU. comandara la reconstrucción y protegiera Europa del peligro comunista. Finalmente, tras la muerte de Roosevelt, y con la llegada de Truman a la presidencia, se impondrían los postulados británicos, iniciándose así la creación de los dos bloques políticos que dieron lugar a la Guerra Fría. Continúa leyendo Preguntas que me hago

El terremoto

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El 25 de mayo del pasado año, Manuel Valls, nombrado hacía unas semanas primer ministro, decía en un mensaje grabado que los resultados de las elecciones europeas en Francia no habían sido una alerta, sino un terremoto. Se refería, por supuesto, al cataclismo que había hecho retroceder a los socialistas hasta el 13,8% de los votos, el mismo que había empujado al Frente Nacional de Marine Le Pen hasta el 26%, el mejor resultado de su historia. Como lógicamente cabía esperar, monsieur Valls demostraba así que en su partido habían entendido el mensaje del electorado, que tenía la grandeur suficiente como para reconocerlo en público, pero sobre todo que era consciente del drama que los partidos tradicionales habrían de empezar a vivir a partir de entonces.

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Héroes de nuestra propia Historia

La importancia geopolítica de España ha sido más una cruz que una ventaja. Ser cabeza atlántica de Europa y puesto fronterizo entre esta y el continente africano nos ha convertido en una nación intervenida y dependiente de las estrategias políticas del resto de potencias. Quizá por ello continuamos teniendo la sensación de que nuestra Historia siempre la han hecho otros. Continúa leyendo Héroes de nuestra propia Historia

La paradoja de la marioneta

En el fondo usted cree en lo que no dicen: que la crisis económica es una partida jugada por unas cuantas personas, que la UE tiene un plan para convertir España en una especie de Florida low cost, que nuestro régimen está al servicio de un plan maestro de escala planetaria, que el 15-M fue reventado por dentro, que los movimientos de protesta están llenos de infiltrados, que su correo electrónico no es seguro, que sus llamadas telefónicas están siendo escuchadas por alguien, que Internet, la televisión, el fútbol o el sistema educativo son pura ingeniería social. Ni usted (ni nadie) niega ahora la imagen barroca del Gran Teatro del Mundo, el auto sacramental postmoderno que habla de un poder en la sombra que mueve los hilos. Usted es una marioneta. Rajoy es una marioneta. Merkel es una marioneta. Obama es una marioneta. El siglo XXI será conspiranoico o no será.
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Una ciudad, un balcón, un catalejo

Esta tarde Azorín nos invita a subir al campanario de la catedral para contemplar  la ciudad. Sabemos que la ciudad no es ciudad sino España, pero nos dejamos llevar sin que se nos note que conocemos algunos tropos. En el campanario hay un catalejo, y por él debemos observar la huella que el tiempo va dejando. Es un tiempo como el de los demás países, tenaz e inexorable, con la mirada puesta siempre en el futuro. Continúa leyendo Una ciudad, un balcón, un catalejo