Cárceles obligatorias

Al final parece que la propuesta socialista de ampliar hasta los dieciocho años la edad de escolarización obligatoria ha sido una falsa alarma. A lo largo de la tarde de ayer, tanto El País como la Ser modificaban la noticia y, donde decía “obligatoria”, terminaron escribiendo “gratuita”. Sospecho que ha sido más un nuevo globo sonda que un error prisaico, pues lo que se difundió es un borrador del futuro programa electoral, o sea, que aún se puede jugar a amagar y a desdecirse según sea la reacción de la masa. Pero el río suena, de hecho no cesa de sonar desde que Ángel Gabilondo, siendo ministro, se dejase caer con la idea en plena campaña mediática de aquel malogrado pacto educativo. Ergo el río lleva agua, tanta que no sería descabellado pensar que, en breve, nos anegará a todos, culminándose así el plan que se inició con la LOGSE, cuando se condenó a los estudiantes a estar encerrados hasta los dieciséis años. Los hacedores de la realidad no tienen prisa, sus proyectos duran décadas. Continúa leyendo Cárceles obligatorias

El mito de la educación obligatoria

Siempre he desconfiado de los mitos sociales porque los considero mucho más nocivos que los religiosos, y además no tienen su encanto. Vuelven a la gente suspicaz y tienden a convertir el mundo que se alza ante sus ojos en un espacio plano, mediocre y poco interesante. Por eso es normal que cuando te muestras a favor de la enseñanza pública pero absolutamente en contra de la enseñanza obligatoria, la mayoría o bien no se entere de qué va la historia, o (lo que es peor) te miren como si fueras una especie de hijo secreto de Adolf Hitler.
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Nuevos ritos de paso

Empieza el Estado por la familia, sometiéndola a la esclavitud de los dos sueldos que la propaganda vendió en su día como uno de los avances sociales más importantes. Las tardes de los niños están llenas de inglés, de tenis, de academia musical, de todas esas prolongaciones hasta la noche del falansterio diario, pues en pocos hogares suele haber algún padre (que no esté en paro, por supuesto) antes de las ocho. Concluye luego su trabajo desecando las ciudades, drenando sus calles a golpe de ordenanza. Instituye fechas para la espontaneidad y lugares para la demencia. Reglamenta los exorcismos de fin de semana estableciendo botellódromos, macroconciertos, fiestas organizadas donde no cabe un alfiler.
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Atontaos

Una de las puertas de emergencia que hay en el instituto donde trabajo da directamente a la calle. Algunos profesores la utilizamos durante los recreos para salir a fumar, porque así nos evitamos la larga caminata que separa, a través del patio, el edificio de las aulas y la puerta oficial del centro. Como solo se puede abrir desde dentro, insertamos un trozo de plástico en la cerradura. Una vez satisfecho el mono, lo retiramos, lo dejamos en el pasillo para el siguiente yonqui que quiera hacer uso de su libertad para joderse los pulmones y aquí no ha pasado nada. Continúa leyendo Atontaos