Si yo fuera Presidente

Si yo fuera Presidente y me creyese todo ese rollo de que la educación de un país es la base de su prosperidad, lo primero que haría, tras ser elegido, sería cambiar el sistema de enseñanza. Radicalmente. Y para ello pondría los ojos en el país más próspero del mundo, EE.UU., y luego en sus colegios, institutos y universidades, con el fin de copiar, palabra por palabra, la fórmula del éxito. Antes, cuando era un advenedizo en cuestiones educativas y suponía que el destrozo de la enseñanza pública se debía a la incapacidad y a la estulticia de los gobiernos que habían puesto sus sucias manos sobre ella, pensaba que la solución podría ser así de fácil. Después me di cuenta de que estaba equivocado, por supuesto, y también me percaté de que, si en el adagio con el que he empezado el artículo sustituía ‘prosperidad’ por ‘sistema productivo’, tendría la oportunidad de explicar más acertadamente el desastre. Continúa leyendo Si yo fuera Presidente

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El mito de la educación obligatoria

Siempre he desconfiado de los mitos sociales porque los considero mucho más nocivos que los religiosos, y además no tienen su encanto. Vuelven a la gente suspicaz y tienden a convertir el mundo que se alza ante sus ojos en un espacio plano, mediocre y poco interesante. Por eso es normal que cuando te muestras a favor de la enseñanza pública pero absolutamente en contra de la enseñanza obligatoria, la mayoría o bien no se entere de qué va la historia, o (lo que es peor) te miren como si fueras una especie de hijo secreto de Adolf Hitler.
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