Cinco años después del 15-M

Cinco años después del 15-M, ni dios recuerda por qué surgió todo, y mucho menos qué quería decir en realidad la consigna aquella de “No nos representan”. Podemos, Ciudadanos y los pequeños partidos de corte caciquil-nacionalista están donde están gracias al mismo sistema electoral que sigue sin representar a nadie. Todos ellos se están beneficiando de los mismos privilegios y juegan con las mismas reglas. Dan mítines de campaña, hacen coaliciones, se financian con dinero público, sueñan con ministerios… Hablan de impuestos, de rentas básicas, ponen falda a los semáforos peatonales y cambian cabalgatas, pero ya nadie cuestiona la inseparación de poderes ni las listas electorales.
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Un debate más falso que un billete de seis euros

La escenificación ha sido tan burda en el debate entre Iglesias y Rivera que, si se hubiera tratado de una obra de teatro, parecería una de aquellas que, cuando llega el fin de curso, se suelen representar en las guarderías para que los padres graben a las criaturas con el móvil y babeen un rato mientras se hacen ilusiones con las dotes artísticas de sus churumbeles. Y no porque un debate en diferido no sea un debate stricto sensu (que no lo es), sino porque todo ese rollo del bar y de la charla distendida de dos parroquianos frente a frente es más falso que un billete de seis euros, o, para seguir con la analogía teatral, que un par de niños vestidos de florecillas  silvestres. Continúa leyendo Un debate más falso que un billete de seis euros

Matar al padre

Sabino Cuadra, haciendo honor a su nombre y a su apellido, sube a la tribuna, se abre la camisa para mostrar el traje de superhéroe y hace trizas la constitución delante de sus señorías. Es de Amaiur, reconversión abertzale que tiene representación en el Congreso y que, como todos los demás partidos, recibe subvenciones de Papá Estado. Así que se podría decir que Sabino Cuadra, manque le pese, pertenece a la gran familia de los que chupan del bote. Es un hijo más; díscolo, sí, pero hijo al fin y al cabo, y sabe perfectamente que, aunque con su performance causará revuelo, Papá no lo repudiará nunca, ni siquiera lo desheredará.
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Culos al aire

No desbarremos, por favor. Guillermo Zapata no es nazi, ni proetarra, ni anti Marta del Castillo. Se equivocan los que se tragan ese sapo de la propaganda y no son capaces de ver que en realidad Zapata es un pelele, además de un inútil que posee un pésimo sentido del humor. Deberían hacérselo mirar, porque su grado de exposición a cortesanos como Marhuenda o a periolistos como Jiménez Losantos es preocupante. Pero, por otro lado, aquellos que están en contra de su dimisión y denuncian la doble vara de medir y la hipocresía de quienes la han forzado, no solo pierden el tiempo sino que están cometiendo el mismo pecado que condenan. Porque las falacias que acusan a Zapata están al mismo nivel que cualquiera de esas imputaciones de políticos que los nuevos partidos como el del protagonista han estado tildando de intolerables. Si un imputado debe dimitir, Zapata también. Es más, si un imputado que se aferra a su acta de concejal es “casta”, Zapata, en estos momentos, también lo es.
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¿Qué coño podemos hacer?

Soy consciente de que este texto, resumen de otro mucho más farragoso que publiqué en el blog hace dos años, es completamente inoportuno, no por lo que dice, sino por el momento en el que está siendo publicado. En estos días de ruido mediático, cuando la mayoría cree que, para bien o para mal, España se halla ante el abismo del principio del fin del régimen, muy pocos, si pasan de los tres o cuatro primeros párrafos, verán en él algo de interés. Supongo que lo considerarán absolutamente desconectado de la realidad o, en el mejor de los casos, el plúmbeo bizantinismo de alguien que no llega siquiera a la categoría de intelectual de salón. El mundo, concluirán, va ahora por otros derroteros. Continúa leyendo ¿Qué coño podemos hacer?

El relevo

Soy un aguafiestas, lo sé, pero si no lo digo, reviento: me temo que no es el fin de nada, sino el relevo de todo, o al menos, de una gran parte de todo. Puede que las fuerzas de este relevo (supongamos que bienintencionadas) obren el milagro de acabar con las redes clientelares, las canonjías y las prácticas corruptas de muchos ayuntamientos y presidencias autonómicas, pero a no ser que se haya votado a ángeles y no a simples mortales, solo será cuestión de tiempo que la mierda vuelva a aparecer en los rincones de un poder que, por obra y gracia de las leyes del régimen, no está sujeto a ningún tipo de fiscalización ciudadana. Y que conste que no soy un pesimista antropológico, sino que procuro dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y no caer en la ingenuidad de pensar que, por el mero hecho de desalojar al corrupto, mi candidato jamás se pudrirá como su predecesor, aunque goce de las mismas prebendas y la misma impunidad. Continúa leyendo El relevo

5 razones por las que mañana no iré a votar

1. Porque la fe, en una democracia, nada tiene que ver con la política. Así que yo, en esto de la política, sencillamente me esfuerzo en no caer en los brazos de la confianza ciega en alguien que me vende igualdad social, libertad de mercado, regeneración democrática u otros milagrosos crecepelos. Y digo confianza ciega porque no se puede llamar de otra manera al acto de votar a una lista de personas sabiendo de antemano que no hay ningún mecanismo legal que me permita presionar para que se cumpla el programa electoral del partido, o para desalojar a alguien que está mezclado en algún asunto turbio. Las leyes de mi país me impiden controlar a los concejales y a los diputados autonómicos que han sido elegidos, y me obligan a esperar cuatro largos años para intentar bajarlos de sus poltronas.  Continúa leyendo 5 razones por las que mañana no iré a votar