Un debate más falso que un billete de seis euros

La escenificación ha sido tan burda en el debate entre Iglesias y Rivera que, si se hubiera tratado de una obra de teatro, parecería una de aquellas que, cuando llega el fin de curso, se suelen representar en las guarderías para que los padres graben a las criaturas con el móvil y babeen un rato mientras se hacen ilusiones con las dotes artísticas de sus churumbeles. Y no porque un debate en diferido no sea un debate stricto sensu (que no lo es), sino porque todo ese rollo del bar y de la charla distendida de dos parroquianos frente a frente es más falso que un billete de seis euros, o, para seguir con la analogía teatral, que un par de niños vestidos de florecillas  silvestres. Continúa leyendo Un debate más falso que un billete de seis euros

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5 razones por las que Celia Villalobos puede jugar al Candy Crush sin que le ocurra absolutamente nada

No sé a qué viene tanto revuelo. ¿De verdad que es tan escandaloso que la señora Celia Villalobos haya sido sorprendida jugando al Candy Crush en pleno debate sobre el estado de la nación? Hombre, creo yo que lo sería en un país serio, con un sistema político serio y con unos representantes serios (y que representaran, ya de paso, seriamente a alguien). ¿Pero en España? ¿Es que nos hemos caído del guindo otra vez o qué pasa aquí? ¿Acaso ya estamos con la misma pantomima de censurar moralmente a alguien que vive de un medio (el político) corrompido hasta los cimientos? Desde que tengo uso de razón (y soy de la generación del 75), siempre me ha parecido que hacer aspavientos por la corrupción de los políticos españoles es como cargar contra el pobre porquerizo por llevar los pantalones perdidos de mierda.
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Debates

No creo en el carácter de los pueblos ni en la voluntad general (ambas son cualidades privativas de los individuos, no de la masa); sí estimo, en cambio, que sea posible que a la sociedad se la pueda manipular como si fuese una sola mente, dirigir su comportamiento mediante técnicas de ingeniería conductista que trascienden esas emociones o esos instintos de los que suelen echar mano la publicidad y cualquier tipo de propaganda. Creo también que el control social más eficaz en países que han asumido la mitología de la democracia no es el que apela al bajo vientre, sino el que recurre a los luminosos territorios de lo intelectual, el que se produce cuando el poder acota los debates públicos, restringe los puntos de vista y los difunde a los cuatro vientos del país para dar la impresión de que la opinión es múltiple, dinámica y relevante. Creo que cuanta más obcecación hay por el debate, menos libertad real existe. Creo, en definitiva, que los debates son el bromuro de la ciudadanía. Continúa leyendo Debates