El pueblo es como un niño

El español es un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la ficción de que es el héroe de su propia historia, el dueño de sus propios tiempos y de los acontecimientos que cree estar protagonizando. Gracias a la labor de los narradores del régimen, ha terminado tragándose el cuento de que se ha ganado la libertad, se ha dado a sí mismo una constitución y vive ahora feliz y come perdiz en una democracia avanzada (como si pudiera haber democracias atrasadas) que es el fruto de sus ímprobos esfuerzos. Preso en este bucle narrativo, el pueblo ha caído finalmente en ese otro bucle mucho más asfixiante que es vivir por siempre jamás en una mentira de 504.645 kilómetros cuadrados y haber perdido las ganas y las fuerzas para combatirla. Continúa leyendo El pueblo es como un niño

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Preguntas que me hago

Durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, los aliados mantuvieron dos posturas absolutamente enfrentadas acerca de qué hacer en Europa una vez hubiese caído Alemania: por un lado estaba la de Roosevelt, que no deseaba quedarse en el continente más tiempo del necesario; por otro, la de Churchill, quien pretendía que EE.UU. comandara la reconstrucción y protegiera Europa del peligro comunista. Finalmente, tras la muerte de Roosevelt, y con la llegada de Truman a la presidencia, se impondrían los postulados británicos, iniciándose así la creación de los dos bloques políticos que dieron lugar a la Guerra Fría. Continúa leyendo Preguntas que me hago

Historias

Hay algo en la narración que subyuga la mente de quien la escucha, un poder que hace que el mensaje llegue directamente al receptor, tocando y abarcando al mismo tiempo razón y sentimiento. Una buena historia nos atrapa, nos hace suyos casi al instante. Así que esto de contar historias no es precisamente una novedad, y tampoco creo que se descubra la pólvora cuando son utilizadas para persuadir o guiar la opinión de las personas. Lo sabían, por ejemplo, los chamanes de las tribus neolíticas, los evangelizadores cristianos o los líderes de las grandes revoluciones de la historia de la humanidad. Ahora bien, jamás ha habido tal profusión de historias como ahora, ni el arte de la narrativa se ha aplicado a tantos ámbitos de la vida del hombre corriente.
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Nadie pierde

Lo que es la regla del consenso, crear estados de opinión uniformes y estereotipados, es también su prioridad, pues de ellos se alimenta y por ellos se perpetúa. Pero el consenso sabe que la realidad del súbdito es moral, y, puesto que su percepción siempre estará guiada por la dicotomía, es plenamente consciente también de que habrá de adaptarse o perecer. El consenso necesita enemigos, reversos tenebrosos, lados oscuros, amenazas exteriores e interiores a las que enfrentarse para justificar el mundo plano que ha erigido. De los laboratorios secretos del consenso salen todos los adversarios que este condena oficialmente. Las piezas que se cobra de los otros, los auténticos rivales, los verdaderos disidentes, jamás se muestran en público. Continúa leyendo Nadie pierde

Comiendo mierda

Confieso que el puñetazo me ha jodido. Estaba yo tan tranquilo preparándome para afrontar el fin de semana y, zas, no lo he visto venir. De repente, profundamente identificado con ella, tengo todavía a esa familia de Alcalá de Guadaíra metida aquí, en las tripas, y no sé cómo quitármela de encima. Estaba acostumbrándome a pensar que el silencio de los medios existía por algún buen motivo, tal vez porque era cierto aquello de que se estaba saliendo de la crisis. Pero ahora, como un Saulo recién arrojado del caballo, yo también he oído la voz de Dios. Y, aunque no todo esté todavía muy claro, he comenzado a plantearme algunas cuestiones que había dejado de hacerme. Continúa leyendo Comiendo mierda

Desde dentro

(A mis muy queridas y admiradas Juani y Mª Ángeles)

¿Se imagina a Jefferson, a Franklin y a Hamilton fundando un partido en 1776 que se hubiese llamado, por ejemplo, PRIC, Partido Revolucionario por la Independencia de las Colonias? ¿O a Robespierre, al Abate Sieyès y a Condorcet haciendo lo propio en plena monarquía de Luis XVI? ¿Se imagina a Lenin montando un tinglado semejante para participar en la Cuarta Duma de Nicolás II? Es decir: ¿es capaz de imaginarse usted a alguno de estos personajes acatando las reglas que impone el régimen político del momento, tratando de cambiar las cosas “desde dentro”? Continúa leyendo Desde dentro

La paradoja de la marioneta

En el fondo usted cree en lo que no dicen: que la crisis económica es una partida jugada por unas cuantas personas, que la UE tiene un plan para convertir España en una especie de Florida low cost, que nuestro régimen está al servicio de un plan maestro de escala planetaria, que el 15-M fue reventado por dentro, que los movimientos de protesta están llenos de infiltrados, que su correo electrónico no es seguro, que sus llamadas telefónicas están siendo escuchadas por alguien, que Internet, la televisión, el fútbol o el sistema educativo son pura ingeniería social. Ni usted (ni nadie) niega ahora la imagen barroca del Gran Teatro del Mundo, el auto sacramental postmoderno que habla de un poder en la sombra que mueve los hilos. Usted es una marioneta. Rajoy es una marioneta. Merkel es una marioneta. Obama es una marioneta. El siglo XXI será conspiranoico o no será.
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