Un debate más falso que un billete de seis euros

La escenificación ha sido tan burda en el debate entre Iglesias y Rivera que, si se hubiera tratado de una obra de teatro, parecería una de aquellas que, cuando llega el fin de curso, se suelen representar en las guarderías para que los padres graben a las criaturas con el móvil y babeen un rato mientras se hacen ilusiones con las dotes artísticas de sus churumbeles. Y no porque un debate en diferido no sea un debate stricto sensu (que no lo es), sino porque todo ese rollo del bar y de la charla distendida de dos parroquianos frente a frente es más falso que un billete de seis euros, o, para seguir con la analogía teatral, que un par de niños vestidos de florecillas  silvestres. Continúa leyendo Un debate más falso que un billete de seis euros

El relevo

Soy un aguafiestas, lo sé, pero si no lo digo, reviento: me temo que no es el fin de nada, sino el relevo de todo, o al menos, de una gran parte de todo. Puede que las fuerzas de este relevo (supongamos que bienintencionadas) obren el milagro de acabar con las redes clientelares, las canonjías y las prácticas corruptas de muchos ayuntamientos y presidencias autonómicas, pero a no ser que se haya votado a ángeles y no a simples mortales, solo será cuestión de tiempo que la mierda vuelva a aparecer en los rincones de un poder que, por obra y gracia de las leyes del régimen, no está sujeto a ningún tipo de fiscalización ciudadana. Y que conste que no soy un pesimista antropológico, sino que procuro dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y no caer en la ingenuidad de pensar que, por el mero hecho de desalojar al corrupto, mi candidato jamás se pudrirá como su predecesor, aunque goce de las mismas prebendas y la misma impunidad. Continúa leyendo El relevo

El pueblo es como un niño

El español es un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la ficción de que es el héroe de su propia historia, el dueño de sus propios tiempos y de los acontecimientos que cree estar protagonizando. Gracias a la labor de los narradores del régimen, ha terminado tragándose el cuento de que se ha ganado la libertad, se ha dado a sí mismo una constitución y vive ahora feliz y come perdiz en una democracia avanzada (como si pudiera haber democracias atrasadas) que es el fruto de sus ímprobos esfuerzos. Preso en este bucle narrativo, el pueblo ha caído finalmente en ese otro bucle mucho más asfixiante que es vivir por siempre jamás en una mentira de 504.645 kilómetros cuadrados y haber perdido las ganas y las fuerzas para combatirla. Continúa leyendo El pueblo es como un niño

¿Quién ha ganado realmente las elecciones andaluzas?

En efecto, es una vergüenza que, a pesar de la mierda que la juez Mercedes Alaya está destapando en Andalucía, el PSOE continúe perpetuándose en el gobierno, y que, visto lo visto, todavía haya alguien que vote al PP. También lo es que no se haya beneficiado mucho más a los nuevos partidos que abanderan el supuesto anhelo de cambio político. Quienes hoy están indignados o decepcionados tienen razones para estarlo. De acuerdo. Todo eso es verdad. Pero, ¿y si además hubiera otra verdad? ¿Y si lo de ayer tuviese una lógica que no se ha sabido captar o no se ha querido revelar hasta el momento? ¿No se percibe cierta sensación de bluf, de expectativa incumplida? ¿No es como si finalmente la realidad a la que hemos asistido, la del final de un régimen, la de la regeneración, la de un nuevo comienzo, hubiese sido una gigantesca burbuja que ha terminado explotando? ¿Y si esa misma realidad, medible, cuantificable e incluso opinable, no fuera más que una distracción? Continúa leyendo ¿Quién ha ganado realmente las elecciones andaluzas?