Atontaos

Una de las puertas de emergencia que hay en el instituto donde trabajo da directamente a la calle. Algunos profesores la utilizamos durante los recreos para salir a fumar, porque así nos evitamos la larga caminata que separa, a través del patio, el edificio de las aulas y la puerta oficial del centro. Como solo se puede abrir desde dentro, insertamos un trozo de plástico en la cerradura. Una vez satisfecho el mono, lo retiramos, lo dejamos en el pasillo para el siguiente yonqui que quiera hacer uso de su libertad para joderse los pulmones y aquí no ha pasado nada. Continúa leyendo Atontaos

Anuncios

Hasta la polla

Se llama A., tiene catorce años, cursa segundo de Compensatoria y está hasta la polla del instituto. Antes era el grano en el culo de cualquier profesor que tuviera la desgracia de cruzarse en su camino, pero desde que lo separaron de su hermano gemelo, su comportamiento ha mejorado. Ahora  es un autómata, un pedazo de carne. En mi clase no dice ni mu, se sienta en la última fila y se queda mirando a las musarañas. Si yo no le digo que saque la libreta, A. no saca la libreta; si yo no le digo que copie un enunciado, A. no copia el enunciado; si yo no me acerco a su mesa y me quedo esperando que mueva el bolígrafo sobre el papel, que respire, que viva,  A. no escribe, no respira, no comienza a vivir. Ninguna expresión en su rostro que no sea la de un profundo, insondable, infinito aburrimiento. Continúa leyendo Hasta la polla

Absentismo escolar

Sobre todo me fumaba las clases de Inglés. No me gustaban, y sabía que agenciándome los apuntes de algún compañero era fácil ponerme al día. Luego iba a desayunar por enésima vez a algún bar cercano al instituto. Si había examen a la vista, empollaba; si no, leía La náusea sin enterarme de casi nada aunque esperando, eso sí, que alguna chica pusiera sus preciosos ojos en aquel sartriano ejemplar de adolescente. No era el chaval más listo del mundo, lo juro (un poco presuntuoso tal vez), pero al final sacaba buenas notas. Si hiciera hoy lo que acostumbraba a hacer en mis años mozos, posiblemente me habría ganado varias amonestaciones y alguna que otra expulsión, y lo más seguro es que ahora tuviera detrás a algún asistente social metiendo sus narices en mi familia, en mi alimentación y en mi grupo de amigos. Hoy sé que sería un caso perdido. Hoy sé que sería un absentista.
Continúa leyendo Absentismo escolar