Un enorme montón de mierda

Cuando a Jesús se le ocurrió aquello de que la verdad nos haría libres, está claro que no pensaba precisamente en los españoles, al menos en la mayoría de nosotros. Tras la masacre del 11 de marzo de 2004, solo quienes viven instalados en la cúpula de un partido político, ocupan las altas jerarquías de alguna empresa de comunicación o forman parte de las cloacas policiales del Estado pueden gozar aquí de auténtica libertad y de un acceso sin restricciones a esa verdad que los demás ni olemos. Porque todo: la manipulación informativa vivida después de los atentados, la desaparición de las pruebas, la ineficaz sentencia de 2007… o sea, todo, forma parte de una densa cortina de humo que únicamente ha perseguido el hartazgo, la confusión y, finalmente, el olvido. «Que sea tan enrevesado que cualquiera pueda tener una teoría, pero que nadie sepa la verdad», dice Ray Winston interpretando el papel de un espía apagafuegos en Al límite, un blockbuster de palomitas y cocacola que solo por esta sentencia vale la pena tragarse.
Continúa leyendo Un enorme montón de mierda

El verdadero 11-M

atocha

El verdadero 11-M no empieza el once de marzo de 2004, cuando, entre las 07:37 y las 07:39, explotan diez bombas en cuatro trenes de cercanías (Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y Téllez). El verdadero 11-M tampoco empieza días antes, cuando Madrid es una de las sedes europeas de los ejercicios militares que, con el nombre en clave de CMX 04, realizan algunos países de la OTAN simulando un atentado terrorista. Ni siquiera cuando los servicios secretos franceses y marroquíes, con la ayuda de Alemania (uno de los participantes en esos ejercicios), perpetran los atentados con el fin de propiciar un vuelco electoral en las votaciones del 14 de marzo y devolver la política exterior española al tradicional redil de la UE. El verdadero 11-M, por supuesto, no comienza esa misma mañana, cuando el Gobierno de Aznar, que sabe perfectamente quiénes han matado a 191 personas y han dejado heridas a 1.841, pero que se acojona hasta lo indecible, en un intento desesperado de salvar el culo, engaña a todos los españoles propagando el bulo de la autoría de ETA. Tampoco meses más tarde, cuando Zapatero retira las tropas de Iraq, las envía a Afganistán, firma la Constitución Europea y regresa, escarmentado, a los brazos del Sacro Imperio.

Continúa leyendo El verdadero 11-M

Sin épica

Del μῦθος al λόγος, pero también del μῦθος al  ἔπος. Son las dos sendas que recorre el pensamiento occidental. Por la primera transita la Filosofía; por la segunda, la Literatura. La primera se llamará en un primer momento Física; la segunda, Épica. Quizá sea en esta última donde resida la prueba más incontestable de que la concepción judeocristiana y marxista de la Historia, siempre apuntando hacia el futuro en una línea recta que alberga la promesa de un final, es una burda mentira. Habitamos una espiral que avanza, sí, pero que también vuelve sobre sí misma en un plano diferente, como un mandala vertiginoso e infinito, sin un origen claro y, por supuesto, sin objetivo, sin redención.
Continúa leyendo Sin épica

Debates

No creo en el carácter de los pueblos ni en la voluntad general (ambas son cualidades privativas de los individuos, no de la masa); sí estimo, en cambio, que sea posible que a la sociedad se la pueda manipular como si fuese una sola mente, dirigir su comportamiento mediante técnicas de ingeniería conductista que trascienden esas emociones o esos instintos de los que suelen echar mano la publicidad y cualquier tipo de propaganda. Creo también que el control social más eficaz en países que han asumido la mitología de la democracia no es el que apela al bajo vientre, sino el que recurre a los luminosos territorios de lo intelectual, el que se produce cuando el poder acota los debates públicos, restringe los puntos de vista y los difunde a los cuatro vientos del país para dar la impresión de que la opinión es múltiple, dinámica y relevante. Creo que cuanta más obcecación hay por el debate, menos libertad real existe. Creo, en definitiva, que los debates son el bromuro de la ciudadanía. Continúa leyendo Debates