La historia secreta

Solo comparable a la emoción suscitada por la lectura de El porvenir de España, de Ángel Ganivet y el maestro Unamuno, La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor, A sangre y fuego, de Chaves Nogales, Frente a la gran mentira, de Antonio García-Trevijano o España frente a Europa, de Gustavo Bueno, ha sido el entusiasmo con que he leído La leyenda negra de España, de Julián Juderías. Todos ellos son libros que, en su momento, me han ofrecido una versión absolutamente nueva de la historia de mi país. Y digo ‘nueva’, no por innovadora u original, sino por insospechada, adjetivo este que en el fondo se opone a la idea de novedad. La experiencia ha sido lo más parecido a una revelación de algo antiguo, algo que siempre estuvo ahí, al alcance la mano, pero que, en el tráfago de las consignas oficiales del consenso intelectual, habitualmente nos ha pasado desapercibido. Continúa leyendo La historia secreta

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El final de Peter Pan

De mil maneras, con mil y una imágenes se ha descrito la infancia, ese período de tiempo que cobra sentido cuando se ha dejado atrás. Es el árbol de manzanas de oro de los mitos, el huerto de las religiones, la mirada glauca o el prado interminable de los poetas. La infancia es el punto de inflexión de nuestras vidas, también el alma de cualquier memoria. El escritor va en su busca, el artista trata de plasmar su pureza, el moribundo la revive en sus últimos días.
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A vueltas con Cervantes

Regreso a Las vidas de Miguel de Cervantes, uno de los libros más amenos de Trapiello. Por un instante me imagino que acompaño a esos investigadores que hocican ahora en las Trinitarias, que voy aquilatando la temprana osamenta de un rapaz que apenas ha estudiado dos o tres latines con los jesuitas de Sevilla y que acaba de malherir en duelo a un alarife. A pesar de la corrupción a la que el tiempo ha sometido los restos, aún puedo percibir en ellos el temblor de los arcabuzazos de 1571 o los cinco años de cautiverio en los baños de Hasan el Veneciano. Continúa leyendo A vueltas con Cervantes

Los huesos de Cervantes

Si la foto de arriba fuera un paradigma o una empresa, veríamos en ella a dos recuestadores históricos, siempre a la zaga de una España perdida. Perdida, claro está, para quienes tuvieran los ojos y la mente suficientemente avisados, ya que pertenece a la naturaleza del intelectualismo patrio pensar que nada de lo que acontece alrededor es en realidad España: España se halla dentro de España, en la inevitable  intrahistoria, o fuera de ella, en esa especialidad académica de las universidades extranjeras llamada ‘hispanismo’. Por pura incapacidad para mirar, el sabio español que se pregunta por España sigue buscándola todavía, demorándose sine die en su trabajo, como un funcionario que sabe que, haga lo que haga, le van a pagar lo mismo. Continúa leyendo Los huesos de Cervantes

Más Retórica y menos Van Dijk

No sé si fue antes el huevo o la gallina, pero lo cierto es que, se mire por donde se mire, la Retórica terminó sentando las bases del esplendoroso desarrollo de Occidente. Que naciese en Atenas no fue casualidad, ya que era la herramienta más eficaz que se podía utilizar en el Ágora o en la Boulé; por eso tampoco es baladí que alcanzara las más altas cimas de perfección durante la República romana. Hasta que la Ilustración no desterró la disputatio de las universidades, la Retórica se mantuvo como el paradigma holográfico de la cultura europea, fundamentado en que los hombres aprendían mediante la discusión pública, por contraposición de argumentos y también a través de la memorización de las técnicas de la oratoria. El modelo, heredado de la sofística, se mantuvo inalterable durante siglos: todo conocimiento consistía en la persuasión, pues la verdad no se encontraba en las ideas que se transmitían, sino en la forma y en los argumentos (de autoridad) que se utilizaban para expresarlas.
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Un eslabón en la cadena áurea

La muerte de un senador obliga a Jim Taylor (Edward Arnold), un magnate sin escrúpulos, a buscar a un hombre de paja que favorezca su pretensión de hacerse con unos terrenos para construir una presa. La china le toca a Jefferson Smith (James Stewart), que es, además de presidente de los Exploradores de América (una especie de Boy Scouts), el resultado de ese maridaje, tan querido por Frank Capra, que aúna lo mítico (Thomas Jefferson) y lo corriente (el apellido Smith, tan común y anónimo como nuestro García). Cuando descubre la corrupción a la que debe servir de tapadera, el aparentemente ingenuo señor Smith sorprenderá a propios y extraños enfrentándose, como un auténtico caballero andante sin espada, al mismísimo Jim Taylor, que no solo manipula a su antojo la política de Washington, sino que también posee la mayoría de los medios de comunicación de EE.UU. David contra Goliat, aderezado todo ello con la presencia de una astuta y descreída Clarissa Saunders (Jean Arthur), inestimable aliada del joven idealista y representante, cómo no, de la tercera pata de este banco: el periodismo. Continúa leyendo Un eslabón en la cadena áurea

La eternidad

Ante los ojos de Don Felipe se abre parte de la galería de la que fuera habitación de su difunto hijo Baltasar Carlos. Una puerta queda abierta justo enfrente y, más allá, vuelto hacia él, aparece Don José Nieto y Velázquez, aposentador real, antes de subir las escaleras. Ese gesto es el definitivo para que la mirada se dilate definitivamente y abarque, en un segundo, en una eternidad, toda la escena. Allí están su hija (la Infanta Margarita), las meninas Doña María Agustina Sarmiento y Doña Isabel de Velasco, los guardadamas Don Cristóbal Ramírez y Doña Marcela de Ulloa, y los enanos Maribárbola y Nicolasito de Pertusato, quien intenta inútilmente mover con el pie a Rubedo, el perro del aposentador. Y en el lado izquierdo de la tela, el maestro en pleno proceso creativo. Continúa leyendo La eternidad