España

Desde siempre España ha sido el nombre del país en el que nací. No recuerdo si mis padres me lo dijeron alguna vez, siendo yo niño, ni siquiera tengo presente ahora el momento en que lo descubrí, si es que hubo una fecha, un instante de revelación. Supongo que llegué a España de manera natural, como lo hacen todos, en alguna página de mis primeros libros de texto, en alguna canción donde se la nombraba, en alguna línea leída por primera vez sílaba a sílaba, sin entender al principio qué es lo que estaba leyendo. Luego imagino que fui consciente de que España iba indisolublemente unida al idioma que hablaba, y más tarde a aquel mundial de 1982, a noticias emitidas por la televisión o por la radio, a la silueta de una península en un mapamundi y al paisaje que veía al otro lado del Dos Caballos de mis primeros viajes.
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La ola

Los profesores estamos montados en una gigantesca ola y aún no nos hemos dado cuenta. Viajamos a toda velocidad hacia un futuro incontenible, cuyos rasgos ya se adivinan en el horizonte, pero todavía albergamos la ilusión de que en realidad estamos en el final de la marejada, a punto de regresar a la calma chicha en la que tan a gusto hemos prosperado durante las últimas décadas. El morrazo será progresivo para evitar traumas, pero será, vaya si será. Y después, cuando busquen nuestros restos en los acantilados, nadie podrá reconocer lo que un día fuimos, porque lo que encontrarán será algo completamente distinto. Continúa leyendo La ola

Emoción pública

Desde que vi por primera vez la foto de Aylan Kurdi, el niño muerto en la playa, llevo días sin pensar. Ha sido como si todas las ganas de armar un discurso que mostrara a la gente lo que pienso se me hubieran ido por el desagüe. Bueno, sí, en realidad he estado pensando, pero solo cosas absolutamente irracionales, si se me permite el oxímoron, ocurrencias movidas por la tristeza y la rabia. Por ejemplo: he pensado que aquella criatura podría ser mi hija y que nadie merece sufrir tanto como deben de estar sufriendo sus familiares. O sea, más que pensar, he sentido.
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El pueblo es como un niño

El español es un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la ficción de que es el héroe de su propia historia, el dueño de sus propios tiempos y de los acontecimientos que cree estar protagonizando. Gracias a la labor de los narradores del régimen, ha terminado tragándose el cuento de que se ha ganado la libertad, se ha dado a sí mismo una constitución y vive ahora feliz y come perdiz en una democracia avanzada (como si pudiera haber democracias atrasadas) que es el fruto de sus ímprobos esfuerzos. Preso en este bucle narrativo, el pueblo ha caído finalmente en ese otro bucle mucho más asfixiante que es vivir por siempre jamás en una mentira de 504.645 kilómetros cuadrados y haber perdido las ganas y las fuerzas para combatirla. Continúa leyendo El pueblo es como un niño

Hablando de la muerte con niños de doce años

Ayer estuve hablando de la muerte con niños de doce años. Les dije que llegaría el momento en que deberían abrir los ojos y darse cuenta de que el tiempo nos pasa por encima como un bólido de carreras. Les dije que una verdad insoslayable de esta vida es que ni el presente ni el futuro existen y que el único tiempo verbal con cierto sentido existencial es el pasado. Les dije, en definitiva, que la muerte es la gran justiciera, pues da a todos lo mismo, a todos nos trata igual, seamos príncipes o mendigos, oficinistas o grandes escritores.
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Los dueños de las palabras

Primero están los dueños de las palabras y luego el resto de los mortales. Primero están los que, como diría Max Estrella, tienen derecho al alfabeto, después todos los demás. Pero los dueños de las palabras ya no son poetas, ni siquiera ostentan una cultura elevada o poseen una inteligencia superior. Simplemente están ahí, en el bucle de la oligarquía hispana, y tienen acceso a la cámara de televisión, al trending topic, a la página impresa. Y también al lenguaje. No inventan palabras nuevas, sino que adelgazan las que ya existen y las convierten en tristes artefactos monosémicos que el vulgo, es decir, nosotros, suele asumir y hacer suyos con piadoso fervor. La poesía ha muerto; larga vida al eslogan político. Continúa leyendo Los dueños de las palabras

Bienvenidos

Por supuesto, las reacciones son las previstas. La izquierda, o lo que queda de ella, aplaude creyendo ver en esta imagen al presidente de la III República que, como un Lenin redivivo, viaja desde Suiza hacia el futuro. La derecha se indigna con Pablo Iglesias pero también con el rey, pues considera una torpeza la aceptación del regalo y una felonía la posterior publicación de la foto en la web de la Casa Real. Las redes sociales bullen con fakes de todo tipo. Las tertulias analizan la proeza como si la monarquía estuviera a punto de caer. Continúa leyendo Bienvenidos

Grand Tour

Somos la última generación del Romanticismo. Nos gustan las mismas reliquias y adoramos a los mismos  dioses. Seguimos hablando de genio y de originalidad, creemos que todo hombre oculta a un poeta y todavía consideramos el mundo como un misterio insondable. Pero de entre todas las supersticiones románticas que permanecen enquistadas en las glándulas de Occidente, tal vez la más palmaria sea esa pulsión por el viaje que parece consumir a mis contemporáneos. ¿Por qué la gente quiere viajar a toda costa? ¿Qué es lo que otorga al viaje el prestigio social que hoy posee? Y sobre todo: ¿por qué se nos vende como una conquista personal que, a su vez, es reveladora de un cierto estatus y de un carácter? Continúa leyendo Grand Tour

El día de

A pesar de que nos esforzamos en aparentar lo contrario, seguimos siendo animales de liturgias. Por eso los hermanos de esa distopía orwelliana que es la ONU nos han ido calzando el santoral de los “días de” sin apenas esfuerzo, con la naturalidad de una lavativa. Y todo con el propósito de poner límites a aquello que las élites consideran que es incontinencia de la masa o enfermedad social. Hay quien se presta a este chamanismo laico absolutamente convencido de que, plantando un árbol, haciendo una cadena humana, compartiendo un meme en Facebook o guardando un minuto de silencio, se puede (se debe) acabar con el hambre, las guerras o el cambio climático. Continúa leyendo El día de

Huevos con beicon

Platón dice que estás en una caverna donde, atado de pies y manos, únicamente puedes percibir las sombras proyectadas en la pared, espectros que tú, en tu profunda ignorancia, crees certezas incuestionables. Cervantes sin embargo te empuja hacia un peligroso precipicio: si Don Quijote descubre que es el personaje de una novela porque encuentra a unos lectores que ya ‘lo han leído’, pero, estos, a su vez, son personajes inventados por Cervantes, tú, lector (del Quijote o de otros libros), eres también pura ficción. George Berkeley, por su parte, asegura que ninguna sustancia material existe, que todo ‘es’ porque hay una mente infinita (Dios) que lo crea y que, en definitiva, esse est percipi (ser es ser percibido). O sea, que toda la realidad que percibes es puramente mental.
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