Cárceles obligatorias

Al final parece que la propuesta socialista de ampliar hasta los dieciocho años la edad de escolarización obligatoria ha sido una falsa alarma. A lo largo de la tarde de ayer, tanto El País como la Ser modificaban la noticia y, donde decía “obligatoria”, terminaron escribiendo “gratuita”. Sospecho que ha sido más un nuevo globo sonda que un error prisaico, pues lo que se difundió es un borrador del futuro programa electoral, o sea, que aún se puede jugar a amagar y a desdecirse según sea la reacción de la masa. Pero el río suena, de hecho no cesa de sonar desde que Ángel Gabilondo, siendo ministro, se dejase caer con la idea en plena campaña mediática de aquel malogrado pacto educativo. Ergo el río lleva agua, tanta que no sería descabellado pensar que, en breve, nos anegará a todos, culminándose así el plan que se inició con la LOGSE, cuando se condenó a los estudiantes a estar encerrados hasta los dieciséis años. Los hacedores de la realidad no tienen prisa, sus proyectos duran décadas.

Que un partido con posibilidades de gobernar esté obsesionado con la idea de retener entre cuatro paredes a los chavales hasta la mayoría de edad es una pésima noticia. Y lo es esencialmente porque ello pone de manifiesto la enorme distancia que existe entre la realidad y la clase política. La extensión de la escolarización por narices es la causa principal de que la enseñanza española sea una auténtica mierda. Llamo mierda (con todas sus letras) al hecho de que, por su culpa, llevemos la tira ofreciendo a nuestros alumnos un solo y limitadísimo camino en su desarrollo personal. Llamo mierda también a esos itinerarios educativos (Compensatoria, Aulas Taller, Diversificación, PRC’s…) que han ido surgiendo para minimizar los devastadores efectos de la obligatoriedad hasta los dieciséis y que no han tenido más remedio que improvisarse cada vez que la demoscopia demostraba que nada estaba funcionando. Pero sobre todo llamo mierda a la preterición intencionada en la adquisición, no solo de los conocimientos, sino de habilidades tan básicas como la lectoescritura o el cálculo que estas cárceles obligatorias han provocado.

Y da igual que haya un motivo económico o social tras la que no tardará en ser la propuesta estrella del PSOE. En realidad importa poco que, alargando la edad obligatoria, se puedan lograr cifras de desempleo juvenil menos tercermundistas, o que los índices de esperanza de vida  estén empujando a los gobiernos a inventar medidas, cada vez más flagrantes, de estabulación tardía. En el fondo todo eso es irrelevante. Porque lo verdaderamente trascendental del asunto es algo que está pasando desapercibido y que, cuando algún profesor trata de advertirlo, enseguida es tildado de hiperbólico y apocalíptico. Me refiero, por supuesto,  a ese parque temático de la mediocridad uniformada, la intrascendencia hiperprotegida y el aburrimiento infantilizado que es la enseñanza pública actualmente.

Así que, estimados padres y futuros votantes del PSOE, por muy globo sonda que haya sido la noticia, vayan preparándose para lo que está por llegar, y recuerden lo que un servidor escribió cierto día en Autopsia: la escolarización obligatoria hasta los dieciocho años no es una conquista social, sino un paso más en esta orwellización imparable de los tiempos modernos. El prejuicio en que se basa es inherente a la clase política española: es el Estado el que mejor sabe y puede educar a sus hijos, no ustedes.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

4 comentarios sobre “Cárceles obligatorias”

  1. David, solo quería objetar el ustedes final. Dudo mucho que lo padres puedan o sepan educar a sus hijos. La mayoría de ellos han objetado ese deber y se han limitado a suministrarles el condumio necesario para que no molesten demasiado en casa (que molesten en el colegio, si quieren, que para eso cobran los maestros). Por eso por sus hijos matan, porque niño molesto es niño follonero.

    Quizá habría que preguntarle alguna vez al sujeto y dejar de irresponsabilizarlos eternamente, de tener ‘niños’ de 18 años quejándose de que los padres les obligan a ir al instituto.

  2. Esto me suena a un país de pandereta y torito
    olvidado por los dioses y explotado por los perros
    de un orden dictatorial
    Esto me suena a un país que llaman Españistán.

  3. Manuelez, la objeción paterna es fruto de la usurpación legal de parte de sus funciones. Asómalos a los abismos de la responsabilidad, y volverán a ser padres.

    Un saludo.

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