Hoy no será un día histórico

Sería más fácil enhebrar toda una caravana de camellos en el ojo de una aguja, que ver a Mas, Romeva, Junqueras y compañía proclamando la independencia desde el balcón de la Generalidad. Y no digo esto empujado por el irrefrenable patriotismo de las grandes citas históricas, sino porque estoy convencido de que precisamente el día de hoy no será tan histórico como los dueños del chiringo y sus adláteres mediáticos nos han hecho creer.

Como todo el mundo sabe, el nacionalismo necesita un huésped del que alimentarse, un espejo enemigo en el que contemplarse y un agravio histórico del que resarcirse. Si no hay huésped, el nacionalismo desaparece. Su razón de ser reside en mantenerse aferrado con todas sus fuerzas a quien supuestamente lo tiraniza, mientras se vende a los suyos como un infatigable luchador por la libertad de los pueblos. Esto significa que la esencia del independentismo no es la independencia (un independentista independiente estaría muerto), sino hacer de ella un tantálico y eternísimo proceso. La pregunta no es qué haría Cataluña sin España, sino qué harían los soberanistas catalanes sin la gran ubre española. Qué sería de ellos sin el sistema que los ha creado, que los ha sobredimensionado políticamente y justificado intelectualmente.

Los jerarcas del independentismo saben que no existe en el universo ningún régimen político que pueda beneficiarlos tanto. Por un lado, están integrados en el tinglado de los demás partidos estatales, o sea, participan de la mafia de las listas cerradas y bloqueadas, del sistema electoral proporcional, de la financiación pública o de la connivencia de los tres poderes. En segundo lugar, porque, además de beneficiarse, como cualquier sátrapa, de las competencias transferidas para blindar las redes clientelares del terruño, son los primeros en asumir que su hecho diferencial mama directamente del embrollo territorial nacido en el 78.

El ruido es tal que somos incapaces de percibir los chirridos de los engranajes. Pero si en algún momento pudiéramos oírlos, si dejásemos de tragarnos la mandanga mediática, nos daríamos cuenta de que realmente nos hallamos en un gigantesco reajuste que el régimen político español está llevando a cabo para poder sobrevivir al menos otras cuatro décadas, que es el ciclo al que, desde principios del XX, el país parece estar condenado. Reajuste que ha necesitado del auge de los antisistemas del sistema (Podemos), en vías de desactivación, y ahora se centra en el falso peligro inminente del secesionismo. Pasos previos todos ellos para el gran aquelarre de diciembre, cuando el régimen se revalide a sí mismo en las elecciones generales.

En un país donde todos duermen, cualquier señal de movimiento es pura propaganda. Así que no, gane quien gane hoy, nadie proclamará la independencia desde el balcón de la Generalidad. Definitivamente, hoy no será un día histórico.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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