Matar al padre

Sabino Cuadra, haciendo honor a su nombre y a su apellido, sube a la tribuna, se abre la camisa para mostrar el traje de superhéroe y hace trizas la constitución delante de sus señorías. Es de Amaiur, reconversión abertzale que tiene representación en el Congreso y que, como todos los demás partidos, recibe subvenciones de Papá Estado. Así que se podría decir que Sabino Cuadra, manque le pese, pertenece a la gran familia de los que chupan del bote. Es un hijo más; díscolo, sí, pero hijo al fin y al cabo, y sabe perfectamente que, aunque con su performance causará revuelo, Papá no lo repudiará nunca, ni siquiera lo desheredará.

Papá, por su parte, conoce al vástago como si lo hubiera parido y es consciente de que, mientras siga proporcionándole la paga semanal, lo tendrá atado en corto. Sus escenitas de Nochebuena, sus llegadas a las tantas, su ropa, su manera de hablar, las novias que trae a casa, sus problemas con la policía, todo forma parte de un devenir familiar cuyos estatutos están bien claros en ese libro hecho trizas. Lo imagino mirando al señor Cuadra desde las alturas, sonriendo con condescendencia y pensando ya en el siguiente paso del proyecto, una vez que haya acabado la pantomima de matar al padre.

Porque, a estas alturas de la obra, ninguno de los hijos matará al padre, antes bien, todos, grandes y pequeños, biológicos y adoptados, estarán dispuestos a dar su vida por defenderlo, pues son sangre de su sangre y, sin él, no existirían. De haber nacido en la España de la constitución, Freud habría sido un cani o un guionista de Sálvame. En la España de las nacionalidades y el derecho a decidir, Edipo se folla a su madre, por supuesto, pero siempre bajo la atenta supervisión de Layo.

Después de las elecciones catalanas, gane quien gane, no habrá independencia, sino federalismo. Es decir, más tres por ciento, más caciquismo, más demagogia. Más régimen. No se trata de una tragedia familiar, sino de una parodia de lo que en algún momento fue un país.

Ojalá no me equivoque.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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