Por qué Artur Mas no quiere la independencia

Cada vez que Artur Mas pronuncia la palabraindependència”, una grieta aparece en los gruesos muros del Palacio de la Verdad de Braavos, cada vez que asegura que quiere a Cataluña fuera de España, miente como el bellaco que es. ¿Por qué? Porque la razón de ser del discurso separatista catalán reside en que este se halla intrínsecamente conectado a la existencia del enemigo opresor castellano. La lógica independentista es dependiente de “Madrit”; sin “Madrit”, Mas dejaría de ser Mas y Convergencia Convergencia. Si algo nos demuestra la historia del supuesto nacionalismo catalán es que, anclado como siempre ha estado en un medio burgués de industria y sacristía, espiritualmente nunca ha pasado de regionalismo parasitario, por más que en ocasiones la oveja se haya vestido con la piel de lobo separatista, e incluso se haya puesto a pegar tiros. Por eso Don Arturo, como buen parásito regionalista, no quiere la independencia, sino seguir siendo rescatado a cuenta del contribuyente hispanistaní, beber de los torrenciales ríos de leche y miel que procura la tensión territorial, y, ya de paso, esconder sus problemas con la justicia.

La misma tensión territorial que, por otro lado, patrocina el gobierno central. Y más cuando, en pleno año electoral, la mierda del partido en el poder lleva tiempo siendo oreada. De ahí que todos los santos días seamos castigados con este eterno tira y afloja, con este persistente amagar sin resultados, con la abúlica entropía de los discursos archiconsabidos. El ruido mediático de uno y otro signo y el griterío de los desfiles norcoreanos ocultan el hecho incontestable de que los únicos lugares donde reinan el silencio, la concordia y la paz son los palacios de la Generalidad y de Moncloa. Sus inquilinos saben que el chiringuito del 78, erigido (antaño) sobre el caciquismo de las comunidades autónomas y (hogaño) sobre la promesa de ese regionalismo 2.0 que es el futuro federalismo asimétrico que se nos reserva, está perfectamente apuntalado, y que siguen funcionando a las mil maravillas los mecanismos que cargan la propaganda con la pólvora mojada de la España imperial y de la Cataluña insaciable. Cuando en realidad ambas son la misma cosa y sus factótums comparten los mismos espurios intereses.

Pero la tensión territorial, más allá de este pacto entre granujas, más, muchísimo más allá de politicastros y tertulianos subvencionados, puede ser muy peligrosa. En ese horizonte lejano donde residen el padre de familia que porta una estelada o el director del colegio en cuyas aulas se impide hablar español, el asunto suele adquirir carices menos refinados.

Sí, estoy convencido de que la tensión territorial es un producto elaborado en las catacumbas del agitprop patrio, la razón de ser del régimen incluso. Pero no tengo tan claro cómo, una vez acabadas las elecciones y adormecidos los casos de corrupción que azuzan tanto a PP como a Convergencia, se va a desactivar la tensión social que estos cabrones han ido cebando poco a poco.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

5 comentarios sobre “Por qué Artur Mas no quiere la independencia”

  1. Quien rescata a los catalanes es una gran cerda llamada Comunidad de Madrid, que es además de donde sale toda la leche que nutre lo que les falta a los lechones de las Comunidades para quedar suficientemente saciados

  2. David, un gran número de catalanes necesitan sentirse superiores a los demás por el hecho de vivir en ese lugar y no en otro. El mismo complejo de superioridad lo siente mucha gente por ser de una familia, de un pueblo o ciudad, de una comarca, de una clase social y de cualquier circunstancia social y/o religiosa o condición genética. El problema no es el hecho diferencial cultural porque todos los grupos humanos son diferentes entre sí. El problema es la NECESIDAD de ser superiores cuando, evidentemente, NO lo son. Psiquiátricamente, el estado de la Cataluña nacionalista y su ideología sociopolítica dominante entra de lleno en la categoría de NEUROSIS, antesala de la LOCURA. Enferman los individuos, enferman las familias, pero también ENFERMAN LAS SOCIEDADES. Y las consecuencias siempre son desastrosas.
    Lázaro Amor Sánchez

  3. Lázaro, como explicación, el sentimiento de superioridad es tan difuso o más que el hecho diferencial. No estoy de acuerdo con que nos pueda servir de explicación a lo que ocurre. Ojo, no niego que exista, pero no lo veo determinante. El problema es exclusivamente político, con todo lo que conlleva este adjetivo: leyes, política territorial, ley electoral, régimen, ingeniería social y propaganda.

    Un saludo y bienvenido.

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