Burocracia

Cuando cambia una ley educativa, cambia también el lenguaje que se utiliza para describir la realidad. Entiéndaseme, la realidad continúa siendo exactamente la misma, pero la germanía de las nuevas leyes intenta que no lo sea, convencido el legislador, como el chamán de otras épocas, de que las palabras pueden influir en las cosas. O séase, que si por ejemplo me invento términos como “competencias clave” o “estándares de aprendizaje” (que es la moda lomciana ahora mismo), de repente tiene que surgir ex nihilo algo que sea una “competencia clave” o un “estándar de aprendizaje”, perlas que siempre estuvieron ahí, por supuesto, pero que solo la mente clarividente (y nunca lo suficientemente reconocida por el vulgo) del pedagogo áulico que asesora al politicastro de turno ha podido descubrir para la posteridad. Aunque, como todo el mundo sabe, tales “competencias” y “estándares” sean igualitos que aquellas otras ocurrencias que la LOE y la LOGSE llamaron respectivamente “competencias básicas” o “criterios de evaluación”.

La historia de las últimas leyes es una incesante transformación de la nomenclatura burocrática que adviene para fingir que pone patas arriba el sistema de enseñanza, pero que en realidad solo sirve para mantener el statu quo actual. Lo único que cambia con cada gansada legislativa es la letra impresa, el papel que le sirve de soporte y, lo que es más importante (por la parte que me toca), los biorritmos de la mayor parte del profesorado, que de pronto se ve obligado a tragarse interminables sesiones de bullshit, insignificancia a tutiplén y pérdida de tiempo a paletadas. Un servidor, sin ir más lejos, es jefe de departamento este año y está en pleno viaje hacia el infierno. Y juro por Dios que es algo muy duro de sobrellevar con dignidad. La burocracia te persigue, te acorrala, te coge por el pescuezo y te va asfixiando lentamente hasta hacer de ti un guiñapo. No es, como habitualmente se piensa, el reino del impreso, sino el gobierno de la nada. Porque todo cuanto toca deja de existir, y si por casualidad se resiste a desaparecer, lo hace absolutamente travestido.

Eso, en la enseñanza, es algo que cualquiera con dos dedos de frente puede comprobar a poco que mire con atención a su alrededor. Basta que al burócrata se le ocurra atender a la diversidad, por ejemplo, para que empiecen a financiarse programas que lo único que hacen es homogeneizar a los que no necesitan ser atendidos y discriminar a los que sí (y siempre por razón de clase social, no nos engañemos). Así que yo, agobiado como me hallo con este inicio de curso en el que todo parece estar en standby hasta después de las próximas elecciones generales, no tengo más remedio que preguntarme: ¿de verdad hay alguien en este pedregal educativo que se trague todo o parte de lo que viene recogido en los boletines oficiales?; o mejor aún: ¿hay alguien que crea que estos son necesarios para enseñar a los chavales a medir un soneto o a resolver una ecuación de segundo grado?

Claro que no. Lo más gracioso es que todos, absolutamente todos los profesores españoles saben a ciencia cierta que, si mañana mismo ardieran el Ministerio de Educación y las respectivas Consejerías y no hubiese ninguna institución que asumiera sus competencias, se podría seguir dando clase con normalidad, pues las leyes educativas nada tienen que ver ni con las materias que se imparten ni con los profesores, y ni mucho menos con los estudiantes.

Por eso no me explico la militancia pedagógica de muchos de mis compañeros y la desaforada defensa que hacen de tal o cual ley.

Aunque, bueno, supongo que ese es otro tema.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

8 comentarios sobre “Burocracia”

  1. David, das en el clavo con dos conceptos: pedagogo aúlico y la mierda de vaca que hay en la legislación-verborrea que va del BOE a los diferentes boletines oficiales de las taifas, pues nada hay más avanzado que vivir en pleno siglo XI.

    Llevo unos cuantos cursos, como tres o cuatro, evitando ser jefa de departarmento…, y es que huyo como de la peste de la burocracia, de los papeles, de los informes, de todo ese entorno odioso. Y sí, si el rayo de Zeus fulminara al Ministerio y a las Conserjerias caciquiles y feudales, cual premamífero del Cretácico tras la extinción de los dinosaurios podríamos continuar imparitendo nuestras clases como si nada hubiera pasado…, eso para los que pasamos de tonterias. No puedo con las sucesivas neolenguas que dan vueltas alrededor de la nada.

    Hoy (las clases comienzan el lunes que viene) he recibido a los alumnos de mi tutoría de 2º de Bachillerato. Al aula le faltaban sillas y mesas. He repartido el horario, he dejado claro que no pensaba dar voces ni competir con ellos si decidían hablar, entonces me callo yo. Me preguntan por el libro y les he dicho que me da lo mismo el que tengan y el soporte que utilicen…, lo demás lo hablamos el martes que es la primera clase. La ley que esté vigente me importa casi nada. Estos chicos tienen que salir adelante y es mi trabajo hacerlo. Los pedagogos aúlicos y la mierda de vaca no van a pasar el umbral de la puerta del aula. ¿No hemos vuelto al feudalismo? Pues aquí la señora de horca y cuchillo soy yo.

  2. Lo primero, llevo tiempo leyendo tu blog y aunque peca un poco de pesimista en ocasiones, no deje de ser un duro retrato de la situación actual. Respecto al tema por el que vengo no deja de ser una simple pregunta: ¿Qué piensa de la nueva corriente que apoya la inclusión de la programación como asignatura para los alumnos de secundaria? Mi opinión es firme, estoy en desacuerdo porque convierte en los alumnos en autómatas con el único fin producir y con nula capacidad en su mayoría de pensar por si mismos ni valorar cualquier cosa que no se haga con ese fin. Esa es mi opinión, pero me interesaría saber la suyo dado que usted es profesor y conoce la realidad y el impacto que la inclusión de ese tipo de nuevas asignaturas puede suponer.

  3. Estimado Asier, desconocía que estuviera previsto incluir la programación como asignatura. Al menos, en Murcia eso no es así. ¿Podría usted aportar más datos?

    Un saludo

  4. Porque considero que el hecho de preparar desde pequeños a los niños a ser productivos de forma meramente capitalista (la programación, robotica, etc. dejan poco margen a la imaginación) no es un buena idea. Al menos ese es mi punto de vista.

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