Culos al aire

No desbarremos, por favor. Guillermo Zapata no es nazi, ni proetarra, ni anti Marta del Castillo. Se equivocan los que se tragan ese sapo de la propaganda y no son capaces de ver que en realidad Zapata es un pelele, además de un inútil que posee un pésimo sentido del humor. Deberían hacérselo mirar, porque su grado de exposición a cortesanos como Marhuenda o a periolistos como Jiménez Losantos es preocupante. Pero, por otro lado, aquellos que están en contra de su dimisión y denuncian la doble vara de medir y la hipocresía de quienes la han forzado, no solo pierden el tiempo sino que están cometiendo el mismo pecado que condenan. Porque las falacias que acusan a Zapata están al mismo nivel que cualquiera de esas imputaciones de políticos que los nuevos partidos como el del protagonista han estado tildando de intolerables. Si un imputado debe dimitir, Zapata también. Es más, si un imputado que se aferra a su acta de concejal es “casta”, Zapata, en estos momentos, también lo es.

Esta es la lógica que el régimen te obliga a acatar cuando decides meter cabeza. Este es el juego de un poder ejecutivo que anula las otras dos ramas del gobierno y de un Estado que contamina hasta la última molécula de oxígeno que respiras, que tiene cogida por los cojones a la mayoría de medios de comunicación del país. Así son las reglas de un chiringuito que restringe el acceso a las personas que no han nacido en el seno de un partido político ni han sido instruidas en el arte de conseguir alguna canonjía. Por eso el pasado de Zapata ha sido la línea de flotación hacia donde han ido los primeros torpedos. Hacia esa cotidianidad descuidada que está llena a rebosar de discusiones bizantinas en las redes sociales, torpezas de bocachancla y chistes horrorosa, repugnantemente malos.

Como el objetivo es polarizar el patio de butacas y movilizar a los abstencionistas del PP, y puesto que Podemos y sus franquicias municipales están empezando a colaborar con pasión y desprendimiento, átense los machos los neófitos que creen que pueden acceder a su trocito de pastel así, por las buenas. El precio que hay que pagar por tratar inútilmente de cambiar las cosas desde dentro es muy elevado. Porque si no es un tuit, será un correo comprometedor, o el porno que consumen, o el sospechoso curro que tuvieron el año pasado, antes de que se les ocurriera meterse en el albañal de la política, o la dudosa pareja con la que actualmente conviven. No son vástagos de partido, no han cuidado los pasos, no han estudiado el rastro que han ido dejando detrás, no saben que el pasado también cuenta si se quiere tener un futuro en política. No están protegidos por el secretario de organización o el presidente regional.

Tienen sus pobres y desamparados culos al aire.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

10 comentarios sobre “Culos al aire”

  1. Comparto totalmente lo expuesto aquí. Los que fueron serán y los que llegaron acabaran siendo igual.
    El que entra en este juego tiene que jugar con las mismas normas que los que ya estaban jugando y donde dije digo, digo diego y ahora no lo recuerdo. Panda de cínicos e hipócritas, los que iban a cambiar la política en este país, que pronto se han olvidado de las premisas que divulgaban en el púlpito.

  2. Comparto de pleno lo que expones, hay que ser consecuente y acatar lo mismo que hubiéramos pedido nosotros si esa metida de pata la hubiera cometido otro u otra del PP o del PSOE, o de cualquier otro partido. Además, la mujer del César no solo debe ser honrada, también debe parecerlo.

  3. Tal cual. Por cierto, estoy leyendo los Episodios Nacionales de Pérez Galdós (voy por la segunda serie, “El 7 de julio”) y al ver aquí lo de la canonjía y el albañal pensé que estás o estuviste a lo mismo.

  4. Icástico, estuve hace unos años y terminé la primera serie. Es muy posible que, de manera casi inconsciente, haya adoptado cierto vocabulario, porque recuerdo que las lecturas fueron muy intensas. Qué falta harían unos Episodios que contasen los las cuatro décadas de franquismo y las casi cuatro de restauración.

    Un saludo.

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