Hablando de la muerte con niños de doce años

Ayer estuve hablando de la muerte con niños de doce años. Les dije que llegaría el momento en que deberían abrir los ojos y darse cuenta de que el tiempo nos pasa por encima como un bólido de carreras. Les dije que una verdad insoslayable de esta vida es que ni el presente ni el futuro existen y que el único tiempo verbal con cierto sentido existencial es el pasado. Les dije, en definitiva, que la muerte es la gran justiciera, pues da a todos lo mismo, a todos nos trata igual, seamos príncipes o mendigos, oficinistas o grandes escritores.
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