Susana Díaz y el antidarwinismo

El de la política es un mundo al revés que depende de las reglas del antidarwinismo. En los microcosmos de los partidos solo el más tonto, el más inane parece sobrevivir, pues la adaptación se mide por parámetros que nada tienen que ver con la inteligencia o el mérito sino con las tragaderas. Como en la universidad (otra selva antidarwinista), únicamente gana el que mejor pone el culo y el que más resiste.

Se me podrá objetar, y con razón, que esta contumacia en la tontuna y en la inanidad es signo de fuerza y que, por ende, la teoría de la evolución es también aplicable al hábitat político. Puede ser. Pero si alguien escuchó ayer el tonto e inane discurso de investidura de Susana Díaz sabrá de lo que hablo. Y si seguidamente se puso a meditar sobre la persona y los méritos que la han llevado hasta donde está, al final habrá tenido que darme la razón. Y máxime cuando, a pesar de sus palmeros y detractores (que la elevan a los altares de la inteligencia política), la evidencia salta a la vista: la futura presidenta de Andalucía no le duraría ni medio minuto, por ejemplo, a cualquier congresista norteamericano salido de unas primarias, curtido en un sistema electoral mayoritario uninominal y mantenido con uñas y dientes ante a una circunscripción que lo fiscaliza (tiene mecanismos para hacerlo) con lupa. Eso sí es darwinismo.

Por ello, Susana Díaz se puede permitir discursos como el de ayer, y los demás, opositores políticos y populacho, consentírselo sin asaltar el Palacio de San Telmo. Puede prometer leyes para todo (la del emprendimiento es sin duda la mejor), anunciar una nuevas bodas de Caná en las que el dinero público se multiplique hasta el infinito, y luego echarse a dormir tan tranquila sabiendo que absolutamente nadie, ni en la calle ni en la prensa, va a tener medios materiales, herramientas legales y cojones figurados para mandarla a freír espárragos por mentirosa, pero además por tonta y por inane.

Susana Díaz es un modelo fabricado con el mismo molde del que ha nacido el también antidarwiniano Juan Manuel Moreno Bonilla, y en general cualquiera que haya sido amamantado en las ubres de los partidos estatales. Todos son vástagos de la lista de partido y del sistema electoral proporcional. No están donde están porque hayan tenido que batirse el cobre en su circunscripción, sino por abrir de par en par el tercer ojo ante el dedazo del líder. Solo así se explica que aún existan galápagos centenarios arrastrándose por el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso.

Pero lo peor es que ningún partido político de los que concurren a los próximos comicios pone en duda este antievolucionismo ni propone algo distinto a la proporcionalidad electoral. Ni siquiera los llamados a regenerar España. Como mucho montan sus primarias, y cuando estas no salen como las cúpulas habían previsto, o dan un puñetazo en la mesa y muestran quién coño ha mandado aquí desde siempre, o se enfadan y dejan de jugar.

Lo primero ha pasado en el PSOE un montón de veces. Lo segundo acaba de suceder en Cambiemos Murcia, que finalmente se ha quedado reducido a la IU de siempre. Con las mismas especies antievolucionadas de siempre.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

5 comentarios sobre “Susana Díaz y el antidarwinismo”

  1. Artículo didáctico y claro.España debe despertar y espero que poco a poco lo conseguiremos con personas valientes como el autor.Gracias.

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