Taxonomía del activista político español

¿Quiere usted algo irrefutable en la llamada ciencia política? Bien, ahí va: las reglas del juego definen el juego. O sea, no pretenda usted jugar a la oca con las reglas del parchís porque al final no jugará ni a una cosa ni a la otra. La democracia formal, en países con millones de habitantes, tiene dos condiciones básicas para ser democracia formal: separación de los tres poderes y representación efectiva del ciudadano. Convendrá conmigo el lector en que en España, se mire por donde se mire, no existe nada parecido. ¿Entonces por qué hay quienes, considerándose a sí mismos demócratas, participan en política como si nuestro país fuera una democracia? Me temo que solo existen dos respuestas posibles: una, por ignorancia de cuáles sean las reglas de juego de una democracia formal; dos, por intereses personales que nada tienen que ver con el bien común. De la primera respuesta surge el bienintencionado, el iluso de toda la vida. De la segunda, el oportunista, también de toda la vida.

El iluso de toda la vida suele estar muy ideologizado, por lo que siempre tenderá a confundir la democracia formal con la democracia social (en el caso del colectivista) o con la libertad individual (en el caso del liberal). El primero cree que la existencia de la democracia depende de la igualdad económica de los individuos y, por consiguiente, de la mayor intervención estatal en los sectores clave de la economía. El segundo considera que una sociedad es tanto más democrática cuanto más a su aire se muevan las personas que la componen y menos presencia estatal exista. A buen seguro que el lector ya se habrá identificado con alguna de estas dos categorías de ilusos, o incluso con la tercera (ya sabe, la del centrista que pretende coger una pizca de esto y un poquito de lo otro), que no he desarrollado por no parecer supersticioso.

Del oportunista de toda la vida habitualmente nos encontramos dos tipos: el cínico y el hipócrita. El primero es aquel al que le importa un carajo en qué régimen vivamos porque a lo único a lo que aspira es a meter la cabeza y a vivir del chiringuito. Tenemos tres ejemplos típicos que definen esta especie: el cargo político que lo es para llevárselo crudo, el funcionario áulico puesto a dedo que medra para mantenerse en el machito y llevárselo crudo, y el empresario arrimado al querer con su carita de azucena para llevárselo crudo. Por otro lado, el hipócrita es el que sabe perfectamente qué selva oligárquica habita y con qué fieras ha de lidiar cada día, pero finge públicamente estar viviendo en el sumun de la democracia o, cuando menos, en una “democracia imperfecta” (como si el parchís o la oca pudieran ser imperfectos sin dejar de ser parchís u oca). Son los llamados intelectuales del régimen, sus periodistas y tertulianos más visibles, pero también sus profesores universitarios, sus filósofos y sus “creadores” más mediáticos.

El iluso cree que, como su objetivo es la auténtica democracia, puede valerse de las reglas realmente existentes, aunque estas no sean las de una democracia. El oportunista intuye o, según el caso, sabe a ciencia cierta que en un sistema democrático terminaría comiéndose una mierda así de grande.

Ambos son los pilares demoscópicos que sostienen el statu quo actual.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

8 thoughts on “Taxonomía del activista político español”

  1. Muy acertada tu entrada David, hace tiempo que la leí, pero andaba muy ocupado y no pude escribir unas líneas. Respecto a lo que comentas en tu análisis acerca de la democracia imperfecta, recomiendo el libro de Gustavo Bueno: “El fundamentalismo democrático”. Básicamente, y como cuestiones más interesantes, aborda los tres argumentos fundamentales que defiende un fundamentalista democrático y el problema de la corrupción ideológica, que no material y/o tecnológica de nuestra democracia. Y sobre todo, respecto a la separación de poderes, sus ideas son, cuánto menos interesantes, estemos de acuerdo o no con él. No obstante, en mi blog expongo la mencionada obra, y las cuestiones relacionadas con la separación de poderes están en la parte titulada: “Montesquieu ha muerto”, por si te interesa. Aunque desconozco si has leído el libro o no. Un saludo.

  2. Como siempre David, una reflexión muy buena. Felicitaciones.

  3. Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

    Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

    Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

    De nuevo, mis felicitaciones, David.

    Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
    Doctor en Ciencia Jurídica
    Acreditado a Profesor Contratado Doctor
    Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
    Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
    Colegiado ICAM núm. 97.901
    Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
    Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

  4. Reblogueó esto en De la victimización al "blaming the victim" en el mundo capitalista actualy comentado:
    Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

    Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

    Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

    De nuevo, mis felicitaciones, David.

    Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
    Doctor en Ciencia Jurídica
    Acreditado a Profesor Contratado Doctor
    Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
    Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
    Colegiado ICAM núm. 97.901
    Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
    Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

  5. Estimado David: Espero que, a partir de ahora, nos leamos, y éste sea el comienzo de una fructífera amistad en la red.

  6. Muchas gracias, Pablo, y muy interesante su reflexión. Seguro que este es el principio de esa fructífera amistad en la red que menciona. Bienvenido. Un saludo.

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