Periodistas de mentira

La crisis del periodismo viene de lejos y tiene más que ver con sus profesionales que con los archicomentados cambios de modelo de negocio o las injerencias de los poderes fácticos. Es más, el periodismo no se vería en apuros si existieran periodistas de verdad. Y un periodista de verdad es aquel que es capaz de vender a su madre, de jugarse el cuello y el prestigio, y de estar dispuesto a dejar con el culo al aire a sus superiores por una buena noticia o por un análisis que ofrezca al público un rayo de luz sobre la siempre oscura realidad. Un periodista de verdad no tendría ningún problema en adaptarse a los nuevos canales de comunicación, al contrario, tardaría pocos días en aprovechar las ventajas que estos le ofrecen. Un periodista de verdad no permitiría el mangoneo en su trabajo, por muy poderosos que fuesen los mangoneadores. En definitiva, un periodista de verdad, si de verdad existiera, habría sido la mejor triaca en la crisis del periodismo.

Así que, en vez de por qué el sector está de capa caída, yo prefiero preguntarme por las causas que pueden explicar por qué demonios no existen periodistas de verdad. Pero antes debo referirme a los que ocupan su lugar actualmente.

Por un lado están los empleados, y juro que utilizo el término en su sentido más neutro y denotativo. Son aquellos supuestos periodistas, generalmente salidos de ese placebo académico que unos llaman Periodismo y otros Ciencias de la Información, que juntan palabras sin otro cometido que el que suele imponer la inercia del oficio. Son enormemente competentes en la rutina funcionarial, pero también fervientes adoradores del teletipo y el copypasteo, y por lo tanto profundamente incompetentes en el genuino trabajo de seguir la noticia. Por otro lado tenemos a los que en alguna ocasión hemos calificado por aquí de periolistos: plumas, voces y rostros conocidos que, bajo la máscara de la autoridad y la independencia, ocultan el gesto cobarde de un cortesano del régimen, pieza necesaria para la farsa del debate y la confrontación de ideas.

Es en este perfil improvisado de los sustitutos de los periodistas de verdad donde precisamente reside la respuesta a la pregunta de por qué estos han dejado de existir. Así que creo que no se le debe dar muchas más vueltas: por incompetencia y por cobardía el periodista de verdad se ha convertido finalmente en un juntaletras o en un periolisto. El proceso comenzó hace ya la friolera de más de tres décadas, cuando el felipismo impuso su propia lógica en los medios. Desde entonces han ido cayendo, como fruta madura, los auténticos periodistas, aquellos que provenían de la pequeña edad de oro de la Transición, bien aseteados por el ostracismo y el silencio del régimen, bien transmutados en sus lacayos más conspicuos. Si a eso añadimos además la profunda huella que han ido dejando en las últimas generaciones la entropía de las enseñanzas medias y la absoluta podredumbre de la universidad, se puede llegar a comprender por qué el oficio se encuentra ahora en un callejón sin salida.

Y ahora que caigo, cobardes e incompetentes hay también en otras profesiones en crisis a las que, por cierto, se les podría aplicar un diagnóstico muy parecido.

Sin ir más lejos, la docencia.

Mejor lo dejo por hoy.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

3 thoughts on “Periodistas de mentira”

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