El mito de la educación obligatoria

Siempre he desconfiado de los mitos sociales porque los considero mucho más nocivos que los religiosos, y además no tienen su encanto. Vuelven a la gente suspicaz y tienden a convertir el mundo que se alza ante sus ojos en un espacio plano, mediocre y poco interesante. Por eso es normal que cuando te muestras a favor de la enseñanza pública pero absolutamente en contra de la enseñanza obligatoria, la mayoría o bien no se entere de qué va la historia, o (lo que es peor) te miren como si fueras una especie de hijo secreto de Adolf Hitler.
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