Huevos con beicon

Platón dice que estás en una caverna donde, atado de pies y manos, únicamente puedes percibir las sombras proyectadas en la pared, espectros que tú, en tu profunda ignorancia, crees certezas incuestionables. Cervantes sin embargo te empuja hacia un peligroso precipicio: si Don Quijote descubre que es el personaje de una novela porque encuentra a unos lectores que ya ‘lo han leído’, pero, estos, a su vez, son personajes inventados por Cervantes, tú, lector (del Quijote o de otros libros), eres también pura ficción. George Berkeley, por su parte, asegura que ninguna sustancia material existe, que todo ‘es’ porque hay una mente infinita (Dios) que lo crea y que, en definitiva, esse est percipi (ser es ser percibido). O sea, que toda la realidad que percibes es puramente mental.

La ciencia no es capaz de explicar el asunto de una manera más sensata. El Principio de indeterminación de Heisenberg establece que es imposible determinar la posición o la trayectoria de una partícula, pues la observación influye inevitablemente. El Paradigma holográfico, de David Bohm, distingue entre dos realidades: una explicada, la que puedes observar y estudiar; y otra implicada, fuera del alcance de cualquier percepción. Y el Principio antrópico te suelta a la cara que el universo es necesariamente como es porque hay seres humanos que se preguntan por qué es de esa manera.

Así que, cuando hablas de lo que sucede en el mundo o en tu país, nunca caes en la cuenta de que, si tuvieras que analizar y decidir sobre cada uno de los acontecimientos que observas o que te afectan, estarías perdido. La civilización occidental funciona hoy gracias a que existen innúmeros mecanismos de filtración de datos que te ayudan a orientar la opinión y que configuran esa caverna ontológica, esa gigantesca mentira de la que la filosofía y la ciencia llevan siglos persuadiéndote. Esto explicaría por qué siempre tienes criterios sólidamente formados sobre casi todo.

La hipótesis queda corroborada en 1925, cuando una compañía cárnica, la Beech-Nut Packing Company, contrata a Edward L. Bernays, el padre de la publicidad y de las relaciones públicas, para que incremente las ventas de beicon. Bernays le pregunta a cinco mil médicos qué es más aconsejable, un desayuno consistente o uno frugal. Los médicos se decantan mayoritariamente por la primera opción, así que el publicista filtra a los medios el resultado magnificando el dato menor de que algunos especialistas han recomendado el aporte de proteínas y grasas en forma de  huevos y beicon. Los periódicos informan sobre el asunto como si hubiera sido fruto del análisis médico, y durante meses no se habla de otra cosa en la calle, en las tertulias y en las conferencias. De esta forma un solo señor, Edward L. Bernays, movido por los intereses particulares de un cliente, no solo cambia los hábitos alimenticios de toda una nación, sino que es capaz de influir en el consenso científico.

Los mecanismos de filtración, utilizados en la publicidad de bienes de consumo, pero también en la política, las disciplinas académicas y la cultura en general, podrían resumirse en lo que el mismo Barleys llama ingeniería del consenso. El consenso es el conjunto de nociones, ideas, dogmas y doctrinas que han llegado a ser hegemónicas no por convención social, sino por intereses específicos de grupos de presión o por influencias culturales adaptadas a diversos ámbitos a la vez. Como su origen es particular y sus objetivos universales, invierte el proceso mediante el cual la sociedad creaba normas de hábito destinadas a los individuos que la componían. Es decir, con la ingeniería del consenso son las minorías las que configuran el gran teatro del mundo e instauran modelos de comportamiento.

Lo que escriben Platón, Cervantes, Berkeley, Heisenberg, Bohm y Bernays está en las bibliotecas públicas y en Internet, al alcance de cualquiera. Y aun así, tú, que eres una persona culta y conoces lo que escriben, sigues afirmando que la actualidad de España se explica con ese engrudo que los filtradores han cocinado especialmente para ti. Continúas tragándote el cuento de que la historia más reciente puede ser explicada por los paradigmas ideológicos heredados del siglo XIX, que es lo mismo que tragarse eso de que alguien descubre las virtudes de los huevos revueltos con beicon en el desayuno así, por casualidad. Insistes en creer que los fenómenos de la corrupción, del 15-M, de Podemos, de Ciudadanos y en general de cualquier aspecto de esta aparente regeneración democrática no son parte de un plan del régimen para sobrevivir a la crisis económica.

Y te ríes de quien trata de explicarte lo contrario, como si fuera uno de esos colgados que aseguran que la familia real británica es la avanzadilla de una invasión alienígena.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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