Giner de los Ríos

Si Don Francisco Giner de los Ríos hubiera nacido en nuestra época se llamaría Álvaro Marchesi y habría sido el padre de la LOGSE. De los Ríos es uno de esos productos (tan typical spanish) de “curilla” reciclado en supuesto sabio que cuatro o cinco incautos encumbraron y trataron como a un maestro. Algo parecido ocurrió, por cierto, con otro río, Julián Sanz del Río, al que él, como discípulo, reverenció sin saber que su Ideal de Humanidad para la vida (como señala Enrique Menéndez Ureña) era una traducción literal e inconfesa de Tagblatt des Menschheitlebens, un texto que Krause dejó inacabado en 1811.

El caso es que como intelectual, y más concretamente como intelectual que trató el tema pedagógico, Giner de los Ríos fue bastante tóxico. Y como muestra, basten estos dos botones:

Por un lado, es uno de los primeros que introduce en España la idea de educación como aspiración de toda enseñanza pública, en detrimento del concepto de instrucción, que, desde las Cortes de Cádiz (copiando el famoso Informe sobre la instrucción pública de Condorcet), era el que se venía utilizando. Reproduzco aquí el fragmento de un texto de 1879 (Boletín de la Institución Libre de Enseñanza 3), donde elogia la labor de los jesuitas comparándola con la del Estado, expone claramente su parecer acerca del trabajo del maestro y, de paso, se deja caer con la cantinela (tan querida por muchos) del sacrificio y la vocación:

Hay, además, otro respecto, en el cual la educación jesuítica, frecuentemente errónea en su contenido doctrinal y funesta para el prudente desarrollo de la espontaneidad del espíritu, merece, sin embargo, admiración y respeto. Hablamos del profesorado. En esto debe reconocerse que la enseñanza de la Compañía va, en general, dirigida a muy más altos fines que la del Estado allí donde, como en Francia y -a su ejemplo- en España, se ha logrado convertir el magisterio en una función administrativa, destituida de interés científico y reglamentada por la sabiduría de los gobernantes. Los jesuitas atienden a educar, no meramente a instruir; y su vocación, inspirada en un ideal elevado y grandioso, aunque exclusivo, abraza gustosa los mayores sacrificios personales, sin que la contengan amenazas, peligros ni persecuciones.

Por otro lado, la Institución Libre de Enseñanza, criatura de Don Francisco, empieza a plantear el sueño pedagógico de unir las diversas etapas educativas que los abanderados de la Escuela Única (primero) y los padres de la LOGSE (finalmente) quisieron imponer, respectivamente, durante la Segunda República y los años noventa del siglo pasado. Obsérvese el comentario de su alumno más aventajado, Manuel Bartolomé Cossío, acerca de la enseñanza media en el Congreso Nacional Pedagógico que se celebró en Madrid en 1882:

Los legisladores empiezan a no saber qué hacer con la segunda enseñanza, y de aquí todos esos tanteos, en el fondo de los cuales palpita, aunque tal vez aún con inseguridad, esta idea: o la segunda enseñanza está llamada a desaparecer por inútil, retórica y abstracta, o tiene que fundirse con la primera, como parte de esta misma, adoptando en absoluto su carácter.

Luego, a pesar de las invectivas lanzadas contra la ILE durante la década de los cuarenta, Giner de los Ríos fue el único de los krausistas al que el franquismo respetó (véase Serrano Suñer), y para mí que el cambio de nombre del Ministerio de Instrucción por el de Ministerio de Educación que Franco impulsó nada más apoltronarse en Madrid, estuvo inspirado por el poso que la institución había dejado en el inconsciente colectivo.

Así que, a poco que se mire, hay un caminito de baldosas amarillas que une ILE con lo que tenemos: ILE, Escuela Única, Ministerio de Educación, Ley Villar Palasí, LOGSE y LOMCE.

Por mucho centenario de su muerte que se celebre, la efeméride, sin un punto de vista crítico, se convierte inevitablemente en hagiografía laica. De todas formas, tampoco escribo esta breve invocación de Giner de los Ríos para poner en duda sus buenas intenciones ni su bonhomía, sino con el modesto fin de recordar qué “otras cosas” pensaba acerca de la enseñanza.

Para las alabanzas, se basta y se sobra el resto del mundo mundial.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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