Musk

En mi infancia tenía afición por los inventores. De las películas de James Bond siempre prefería aquellos pasajes en los que Roger Moore (para mí no ha existido otro James Bond) acudía al taller de Q para adquirir alguno de sus artilugios. Era como ir al super, pero con la diferencia de que allí todo salía gratis. Precisamente esa asequibilidad de lo maravilloso era lo que me fascinaba de la mayoría de científicos e inventores de la ficción. Por ejemplo, el Capitán Nemo, que iba en un supersubmarino con todos los avances imaginados antes de que Isaac Peral echase al mar el suyo, o el doctor Reed Richards (Mr. Fantástico, para los amigos), que tenía a su disposición innumerables naves y máquinas con las que viajar en el tiempo, a la Zona Negativa y a otros universos paralelos. Por eso, desde que me tocó ser padre, adoro a Doraemon y su bolsillo mágico. Y por eso, desde que oí hablar de Elon Musk, de todo lo que está haciendo y, sobre todo, de lo que pretende hacer, no quito ojo a su trayectoria. Continúa leyendo Musk