El asco

Aunque, por supuesto, también está la náusea. Pero la náusea es metafísica, y en España no cabe la metafísica. España o es un más allá de lo que cabe esperar de ella o se queda corta y se vuelve perdidamente miope. O cruza el istmo panameño solo con el fin de ver el mar o se recluye en una peña pobre para hacer penitencia. Es decir, o es meta o es física, pero el término medio que resulta de los dos instintos, imposible. Porque ser metafísica supondría que posee capacidad para la retentiva y no es así. Sabe que hay un cuerpo mientras este le duele. Luego, en los momentos de tregua, olvida alegremente qué diablos es el dolor o, sencillamente, que el cuerpo pueda llegar a sentir alguna vez. Por eso creo que en España es imposible el absurdo. En España no hay absurdo sino amnesia.

Hoy le pregunta Interviú a Luis Bárcenas por qué reveló los sms de Mariano Rajoy. Bárcenas responde que porque creía que lo harían dimitir. No dimitió. De hecho, pocos se lo pidieron, y, quienes lo hicieron se cuidaron mucho de no ser excesivamente persuasivos por la cuenta que les traía. Ni Génova ni Moncloa fueron pasto de las llamas.

Hoy empiezan a salir a la luz algunos nombres de la famosa lista Falciani. 1.800 millones de euros escondidos en las cuentas que 2.694 españoles tenían abiertas en el HSBC de Ginebra hace siete años. Sabemos que hay banqueros, deportistas, políticos, artistas, jueces y obispos. O sea, sabemos que es allí donde la España en dos dimensiones de los medios de comunicación (aquella de la que se habla, la que gana premios, la que es mostrada como el reflejo de lo más egregio y honorable) guardaba toda la mierda que sacaba de la España en 3D. Ninguna ilustre testa ha sido separada del tronco todavía.

Hoy es el único tiempo que somos capaces de comprender los españoles. Por eso Felipe González nunca fue a la cárcel tras los GAL ni Aznar después de la burbuja inmobiliaria. Por eso la voladura controlada de los trenes aquel 11 de marzo no suscitó venganza sino miedo. Y por eso seguiremos votando a los epígonos del crimen de Estado, de la estafa, de la masacre y de la corrupción, se mantengan o no las viejas siglas.

Donde los mentirosos o los ingenuos observan una manera de estar en la existencia, yo observo pura flojedad filosófica que, con el paso del tiempo, se ha convertido en subnormalidad histórica. Los genes de los españoles más capaces se han ido perdiendo por el camino, porque tradicionalmente estos han sido quienes morían en las guerras. Así que provenimos de los otros, de los que gritaron ‘¡vivan las caenas!’, de aquellos que llenaron Las Ventas horas después de que se perdiera Cuba.

Somos estolidez geográfica. Somos negligencia antropológica. Somos basura genética. Y porque somos todo eso, únicamente podemos sentir asco ante nuestra propia vida. Asco, que es cuando el olvido comienza a apestar y a volverse insoportable.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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