Los grandes editores se arruinan

Pues qué quieren que diga. Que se jodan. No se me ocurre otra cosa. Ahora toca apretar el culo y recoger todo lo que llevan años sembrando: mala literatura, libros que son como huesos osteoporóticos, autores superventas cuyo único mérito es tener un negro que les junta las sílabas de las palabras, precios amañados, negación del talento (sobre todo si este no se ha hecho con un nombre todavía), corrupción en los concursos… Si tuviera ganas seguiría enumerando los pecados cometidos por un gremio que en muy contadas ocasiones ha respetado a sus clientes. Si tuviera ganas y si me importase, claro. Porque en realidad lo que hayan hecho me la trae al pairo. Allá ellos con su negocio. Yo seguiré nutriéndome de ediciones de segunda mano y de las ferias del libro de ocasión.

Ahora bien, me preocupa lo que quieren hacer. La reacción ante los malos resultados ha sido, nunca mejor dicho, de libro. Como mandan los cánones del gran empresariado hispanistaní, en cuanto se han visto en dificultades han girado su mirada de Gorgona hacia el Gobierno, para que este les resuelva la papeleta. Y los tíos no se están saltando ni una línea del manual del emprendedor chupóptero: pide ayuda pero con cierta agresividad, como si en realidad estuvieras echando la bronca a quien te va a permitir que sobrevivas, y no olvides mencionar que la ruina de tu negocio significará la ruina del país. Así que, tras horas y horas de encuestas de mercado y análisis sociológicos, han llegado a la conclusión de que lo que aquí falta es promoción, motivación y empuje de las masas hacia sus productos. Y al final han mentado a la bicha. O sea: quieren un plan de fomento de la lectura.

De los planes de fomento de la lectura hay dos aspectos que me ponen de los nervios y uno que me da absoluto pavor. Primero voy con los que me cabrean.

Uno de esos aspectos es el hecho de que los planes suelen basarse en una culpabilización previa del cliente en potencia, es decir, del futuro lector. ¿Sería acaso concebible que una marca de electrodomésticos, por ejemplo, justificara sus escasas ventas echando en cara a las amas (y amos) de casa su ignorancia a la hora de hacer la colada? Señores, nos hundimos porque el personal no tiene ni puta idea de poner nuestras lavadoras. ¿Se imaginan? Pues los editores actúan más o menos así. Dicen que los españoles no leemos y que por eso van directos al desastre. Que es lo mismo que decir que se están arruinando porque somos unos pobres gilipollas. Quizá habría que empezar a explicarles que existe una enorme diferencia entre no leer y no comprar los libros que ellos editan. Y por supuesto que no es lo mismo literatura en español que gente que escribe cualquier cosa en español. El modelo de negocio de McDonald’s solo sirve para las hamburguesas.

Lo segundo que me repatea es la escasa, pobrísima altura de miras que suponen los planes de fomento de la lectura. Y no solo porque son plan para hoy y hambre para mañana, o porque al final terminan promocionando la misma mierda de siempre, sino porque se nos venden como la única solución al problema de la falta de hábito lector. ¿Que los hispanistaníes, en su profundo retraso mental (así nos tratan), no leen? Allá que les elaboramos un plan de agárrate y no te menees, generalmente financiado a cuenta del contribuyente, que suele basarse en la idea de que leer es divertido y que te permite vivir muchas experiencias excitantes. Cuando la cruda realidad es muy distinta: leer no es divertido, de hecho cuesta tiempo, trabajo, concentración y, para colmo, si es un buen libro el que se tiene en las manos, nos puede dejar tirados en la lona, hechos una miseria.

Pero estos dos aspectos del asunto son nonadas si los comparo con aquel que, como he dicho antes, me causa auténtico pavor. Porque en cuanto he leído la noticia, he adivinado a quiénes nos van a endilgar la nueva ocurrencia.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

3 comentarios sobre “Los grandes editores se arruinan”

  1. Quisiera saber si es usted sabedor de la campaña de la companía Alsa relativa al profesor que pueda caerle mal a los alumnos. No estaría de más unas letras dando su opinión.
    Saludos,

    J.

  2. Estimado Javier, si quiere que le sea sincero, la campaña me parece una nonada, y la reacción de los sindicatos histriónica, como siempre. Yo no me siento denigrado por esa soplapollez, y espero que haya muchos profesores que piensen igual. Sí me denigra, por ejemplo, el hecho de que la gestión de la disciplina lleve décadas lejos del claustro, o que para expulsar a un alumno un mes tengamos que pasar por trámites tan kafkianos como inútiles que ponen a la misma altura al alumno infractor y al docente. Estas y otras muchas cosas más me denigran como profesional y…, vaya, qué curioso, no veo yo que los sindicatos se tomen el menor interés por ellas.

    Un saludo.

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