Podemos y la enseñanza

Debido a cierta deformación profesional, me he estado interesando últimamente por todo aquello que Podemos tuviera que decir sobre la educación pública, y he llegado a la triste conclusión de que la atención prestada es más bien exigua, y sus miras de escasísimo vuelo. En el capítulo 3 de su Documento final del programa colaborativo, el dedicado un poco rimbombantemente a conquistar la igualdad y construir la democracia (sic), solo el tercer apartado (el cuarto se centra en la universidad) trata de la educación preuniversitaria. En él se pueden encontrar los viejos temas de siempre: supresión de ayudas a la concertada, fomento de la innovación pedagógica, del pensamiento crítico y del bla, bla, bla, apertura de la gestión a eso tan difuso pero tan querido por el sindicalismo más engagé que es la ‘comunidad educativa’, y, por supuesto, la ayuda destinada a la compra de material escolar.

Se comprenderá entonces mi escepticismo y suspicacia ante semejante parto montañés, y máxime cuando estas propuestas suenan demasiado a la misma vieja consigna que nos ha llevado al desastre. El hecho de que, cuando se aborda la cuestión educativa, se recurra a soluciones tan poco originales, sugiere que algo huele a podrido en Dinamarca. Cualquiera que tenga ojos para ver y oídos para escuchar sabe perfectamente que la almendra del problema es otra bien distinta, y que para eso no es necesario ser un experto en la materia. Mucho me temo que Podemos sea aquello que asegura odiar, esto es, un aspirante que es capaz de hacer programas como los de la casta.

Y es que es ya una tradición que, en el discurso de los sindicatos y de los partidos políticos de uno y otro signo, se recurra a la imprecisión y la consigna demoscópica, pero también que se termine culpando de todos los males de la enseñanza pública a cuestiones tan coyunturales como la falta de financiación (los hunos) o la falta de libertad de las familias (los hotros). Aunque si de verdad existe una práctica auténticamente tradicional, esa es la de escurrir el bulto y callar la flagrante certeza de que la enseñanza española, con su estructura delirante, su ardoroso rousseaunismo y su sistema de promoción laminador de conciencias, es uno de los principales campos de experimentación de la ingeniería social del siglo XXI.

A tenor de lo que he podido leer en el programa, Podemos parece haberse convertido en un partido político más que ha sustituido el asalto a los cielos por el objetivo mucho más terrenal de quitar al PP de la Moncloa. Así que todo este barullo tiene la pinta de ser la cortina de humo que no ha tenido más remedio que idear un régimen en aprietos. Es decir, que más allá de la ignorancia, de la ingenuidad o de la buena fe de quienes se han ido sumado, existen intereses que se ocultan tras las instituciones más inamovibles de esta enorme barra americana a la que llamamos con el anticuado eufemismo de España.

La realidad es pertinaz y va dejando cabos sueltos para todo aquel que quiera unirlos. Y uno de ellos es este de la educación.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

4 thoughts on “Podemos y la enseñanza”

  1. Mi querido vate:

    Al hilo de lo de la ingeniería social que apuntas, no tardará César Vidal en decir/escribir que esto es cosa de masones (porque Bolívar era masón), si no, al tiempo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s