Los liberales y la enseñanza

Mentiría si dijera que nunca he podido comprender cómo los a sí mismos llamados liberales no solo acatan, sino que aplauden con las orejas los sistemas de financiación pública del sector educativo privado, cómo esa derecha que va de libertaria por la vida blinda los conciertos allá donde gobierna, aun sabiendo la flagrante contradicción que ello supone en su propio discurso. Lo comprendo, y muy bien además. Todos estos apóstoles de la libertad acatan y exigen los conciertos porque de liberales, en realidad, tienen lo que yo tengo de derviche girador. La derecha hispanistaní no ha sido jamás liberal, ha sido socialdemócrata (es decir, franquista), y, desde el principio de los tiempos, ha crecido a la sombra de la Iglesia, que es el lobby socialdemócrata por antonomasia que está detrás de la mayoría de los conciertos educativos. La enseñanza concertada, por tanto, un invento que el PSOE aprueba en 1985, es más estatista y prusiana que la enseñanza pública, pues en ella participa, además del Estado, toda la mamandurria que vive a su costa.

Pero lo que realmente me exaspera de todo este tema no es la existencia de los colegios de monjitas o las cooperativas trilingües y ultrainnovadoras. Lo que me fastidia de verdad son los argumentos que tratan de defender los conciertos educativos. Y de entre toda esa mierda de toro, producida para consumo de padres temerosos de que a sus vástagos les toque compartir la clase con un moro o con un boliviano, lo que más me encabrona es el mantra de la “libertad de elección”. Cuando se menta eso de que las familias tienen derecho a decidir debo hacer verdaderos esfuerzos para no liarme a pegar tiros a diestro y siniestro. Porque, vamos a ver, ¿qué libertad de elección puede haber en un país donde se obliga a todo dios a pasar por los mismos currículos? ¿Saben esos superpadres que quieren lo supermejor para sus superhijos que estos recibirán exactamente los mismos contenidos que sus compañeros de la pública? ¿Saben que saldrán con el mismo nivel (ínfimo) educativo? ¿Saben, en definitiva, que sin libertad de los centros para elaborar sus planes de estudios, la libertad de elección queda reducida a lo que ciertamente es: una filfa goebbelsiana que persigue recalificar terrenos, dar de comer a los amiguetes y llevárselo crudo de vez en cuando?

Últimamente estoy hasta los mismísimos del “derecho a decidir”. Y también de los debates que el sintagma de marras suscita en la enseñanza. Todo esto de los conciertos es un apaño de proporciones gigantescas que nada tiene que ver con la libertad, un monstruo que poco a poco va a ir devorando aquello que huela a colegio de toda la vida. Es más, creo que la concertada es el futuro de la educación, gobierne quien gobierne, en esta broma que alguien nos gastó en forma de España. Lo cual no sé si es más inquietante que cutre o viceversa. Y mientras esto ocurre, la palabra “liberal”, utilizada por todos estos liberales tardoestalinistas (el neologismo es de un sabio amigo mío), no cesa de llenarse de tumores y prejuicios.

Y pensar que fue inventada por el idioma español (antes de convertirse en hispanistaní) y que enseguida formó parte del resto de lenguas europeas. Y pensar que hubo un tiempo en que designó nobleza y magnanimidad,  y que estuvo en el fundamento de lo que, hasta hace bien poco, se conocía como democracia.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

2 thoughts on “Los liberales y la enseñanza”

  1. La enseñanza concertada, aparte de un negocio (solo apetecible al empresariado nacional cuando los chollos menguaron), ha sido en los últimos años un coladero para los hijos menos capacitados (los más se hacían abogados, jueces o médicos) de la pequeña burguesía urbana que, en la mayoría de los casos por ineptitud o vagancia, ni querían ni podían acceder a la enseñanza pública (la enseñanza en los últimos años, si no bien bien pagada, al menos ofrecía estabilidad y vacaciones).

    A quienes, con mayor o mejor justicia, accedieron al funcionariado público (los otros son funcionarios del sector privado), el nuevo mapa educativo nos ha reservado otro plan; convertirnos en asistentes sociales, con capacidad para impartir cualquier área de conocimiento y dispuestos a aguantar con cara de póker las nuevas ocurrencias de las nuevas generaciones de niños felices (pero sin habilidades sociales).

    ¿Se sabe ya cuántos centros concertados ofrecerán la Formación Profesional Básica?

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