MC

Yo pertenezco a una de las últimas generaciones que conocieron a MC y que pudieron leer su libro, aunque también debo decir que por aquel entonces (el entonces de mi juventud) este empezaba a ser mirado con desconfianza. A pesar de que era lectura obligatoria, la verdad es que no sé cuántos de mis compañeros lograron leerlo aquel curso. Corría el antiheroico año de 1993 y ya asomaba por el horizonte la promesa de la ESO, con su buena nueva de pan para el hambriento y lecturas adaptadas para todos. Aquel 3º de BUP, del que mi generación sería una de las últimas promociones, estaba más que amortizado, o al menos había entrado en la vía muerta del oprobio y del olvido.

A mí, por fortuna, una tardía varicela me obligó a guardar cama durante casi un mes, y fue en ese tiempo cuando pude acabarme las dos partes. Mi primera lectura, entre pústulas y picores, tuvo el resultado que cabía esperar: sencillamente me entretuvo, lo cual era ya de por sí una sorpresa, pues se había cumplido aquello que a veces no se cumplía con algunas obras maestras. Recuerdo que ni siquiera me costó demasiado zambullirme en el lenguaje de aquel siglo XVII recién emprendido, en sus palabras ya muertas o en sus periodos oracionales largos e intrincados. Por eso, siendo profesor, defendí en numerosas ocasiones la presencia de MC en el canon literario educativo. Si pude leerlo yo, pensaba en aquel tiempo, que nunca había sido un genio sino un joven del montón que procuraba arrastrar sus dieciséis años con la poca dignidad con que los adolescentes suelen hacerlo, ¿por qué había que aceptar ese dogma de fe que aseguraba que en apenas unas décadas el coeficiente intelectual de los alumnos españoles había pegado un bajón irreversible? Ingenuo de mí, que no sabía que ni el canon ni MC existían ya en los institutos, tragados ambos por el mismo agujero negro que había engullido la Literatura y las Humanidades.

Es posible que ahora hayan encontrado los restos de MC. Se sabía que habían sido enterrados en las Trinitarias y que, tras la ampliación del convento iniciada en 1673, los huesos se habían extraviado, tal vez mezclados con los de otros cadáveres de nichos vecinos. Luego el tiempo y la indolencia hicieron que se olvidaran, como siempre suele ocurrir con los muertos ilustres en los países que no existen. Y resulta que después de cuatro siglos, precisamente en el año en que se cumple el cuarto centenario de la publicación de la mejor de las dos partes, han descubierto un féretro de madera, toda ella podrida, sobre la que aparecen las iniciales tachonadas de MC.

Sería una ironía mayúscula de nuestra desmemoriada historia que MC regresara ahora como MC. Así, sin nombre, sin obra, sin túmulo, sin panteón, sin institutos. Y sin que nadie recuerde ya quién demonios era.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

4 comentarios sobre “MC”

  1. Casi todo el mundo dice que es una lectura perniciosa y no deben leerla los adolescentes ni los jóvenes…, que es pesada, difícil, políticamente incorrecta…, y que tampoco leerán a otros autores del atacado canon ni tendrán noción de su existencia.
    ¿Quién se acuerda de aquel 3º de BUP con asignatura de Literatura con las obras enteras, no fragmentos de lecturas? ¿Quién se acuerda que para introducir el tema de La Regenta se hablaba de Madame Bovary y Ana Karenina? Yo no logré hacer la lectura completa de MC entonces, más bien hice una lectura superficial y luego, pocos años despues, sí que hice su lectura en la carrera. Pero en aquel nefasto 3º de BUP (anterior unos años al tuyo) me leí enterita la trilogía del adulterio decimonónico. Aparte de bastantes obras más, comenzando por La Celestina (más políticamente incorrecto y pernicioso que eso no podía haber nada y con eso comenzaba el curso)
    Un país que no existe y un tiempo que no existe. Muchas veces he pensado lo mismo, si pude leerlo yo como es posible que ahora ni se plantee porque los adolescentes de ahora no pueden. Cuando digo esto a veces me han dicho: es que lo que tu hiciste no era “normal”
    Pero esto continúa en los grados a la boloñesa. Un grado de Historia del Arte carece de lecturas canónicas fundamentales para la disciplina como pueden ser Dante, Shakespeare o Goethe…, y lo mismo ocurre en el Grado de Lengua y Literatura o cómo se llame. ¿Cómo van a saber del canon de otras literaturas occidentales si no conocen el suyo? Perdón, no hay canon literario en un país que no existe.

    Por cierto, lo de buscar y andar moviendo huesos ilustres esto es algo a lo que se le tiene mucha afición en el país inexistente. Leer ni soñarlo. En abril del año pasado le dediqué una entrada en mi blog a un asunto de huesos literarios, en este caso a los de Garcilaso. La entrada se titula “Dolorido sentir”.

  2. “La verdad es que no sé cuántos de mis compañeros lograron leerlo aquel curso.” Ya te lo digo yo, ninguno. Y tú, por la varicela. Ni en los noventa, ni en los ochenta, los alumnos de BUP, y solo los de Letras, que no se nos olvide (alrededor de uno 30 % del alumnado) leían completo el Quijote, como mucho algunos capítulos (en ediciones no actualizadas, eso sí). Entre otras cosas porque el temario incluía una cantidad de obras lo suficientemente extenso para que fuera imposible hacer una lectura digna de la mayoría. El alumno medio ya cumplía leyendo ‘La Celestina’, ‘El Buscón’ y alguna novela corta de Galdós, a lo que había que añadir antologías de poesía del XVI y XVII, fragmentos extensos de literatura medieval y alguna obra de teatro clásico.

    Eso hoy es directamente imposible para un alumno aventajado de Humanidades y con cierto hábito lector, ya no digamos del común asistente ocasional a las aulas de los IES, a los que solo el prólogo de La Celestina puede provocarles una implosión neuronal.

    No sé si es una cuestión de coeficiente intelectual, desidia educativa, alergia al esfuerzo o café para todos; o una mezcla de estos y otros más (en los ochenta no teníamos internet, ni móviles, ni plays, ni cadenas televisivas emitiendo mierda en bucle, con lo que eso engancha). En fin, será aquello de Plinio El Viejo.

  3. Hesperetusa, como bien dices en tu precioso post, qué mejor manera de rescatar un cadáver del olvido que haciendo visibles las obras que dejó a la posteridad. Yo no me cansaré nunca de repetirlo: el mayor crimen de la LOGSE contra una asignatura fue el que cometió contra la Literatura, a la que “literalmente” borró de los planes de estudio.

    Los siglos de oro han desaparecido también. Y sus nombres propios. Y sus obras maestras. Mientras que Shakespeare se lee obligatoriamente en los centros de enseñanza de los países anglosajones, mientras que Molière se sigue leyendo en Francia, en ningún instituto se lee ya a Cervantes, como no sea alguna adaptación llena de dibujitos y cercenada en un ochenta por ciento.

    Manuel, por lo menos en aquella época, a pesar de la irrealidad del programa de lecturas, existía un programa de lecturas. El de 3º de BUP sí es verdad que era demasiado ambicioso, pero recuerdo que en COU, centrado en el siglo XX, nos tuvimos que leer ocho libros y que nos los leímos todos, ya que entraban en Selectividad. Todos: Soledades, El árbol de la ciencia, Luces de bohemia, una Antología de Jorge Guillén, En la ardiente oscuridad, La colmena, La verdad sobre el caso Savolta y Anillos para una dama.

    Las leyes educan, y las educativas educan mucho más. Eso es lo que ha ocurrido en España desde 1990. Ni la sociedad ni los alumnos son más estúpidos que antes.

    Un abrazo a los dos.

  4. César Brandariz no sé si sabrá tanto acerca de la muerte de MC como de su nacimiento, que fue en León. Muy sugestiva es la tesis de que “La Mancha” de D. Quijote apunta a la marranía de los ascendientes de MC, y que el paisaje donde las bardas del hidalgo se llenaban de sol y viento no era manchego sino sanabrés. Parece ser que la clave está en encontrar un trabucazo a la altura del esternón y en no encontrar una mano, perdida en la épica de Lepanto. Entretanto se duda de que MC pudiera ser Michael Collins.

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