Preguntas que me hago

Durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, los aliados mantuvieron dos posturas absolutamente enfrentadas acerca de qué hacer en Europa una vez hubiese caído Alemania: por un lado estaba la de Roosevelt, que no deseaba quedarse en el continente más tiempo del necesario; por otro, la de Churchill, quien pretendía que EE.UU. comandara la reconstrucción y protegiera Europa del peligro comunista. Finalmente, tras la muerte de Roosevelt, y con la llegada de Truman a la presidencia, se impondrían los postulados británicos, iniciándose así la creación de los dos bloques políticos que dieron lugar a la Guerra Fría.

La estrategia se basaba en cuatro puntos fundamentales: fragmentar Alemania y hacer de su lado occidental una potencia económica, integrar su economía en el marco europeo para evitar así futuras pulsiones hegemónicas, avanzar hacia una federación económica y política continental que estuviera encabezada por la recién creada RFA, y, por último, hacer de esta una suerte de muro de contención de los partidos comunistas europeos, especialmente del italiano y del francés, los más poderosos en esos instantes.

Con la ayuda del Plan Marshall, Alemania enseguida se convirtió en el espejo donde, a partir de entonces, pretendieron contemplarse el resto de naciones europeas; con excepción, claro está, de Gran Bretaña (una de las urdidoras de la trama) y, tras la proclamación de la V República francesa en 1958, también de Francia, sobre todo durante la presidencia de Charles de Gaulle. Asimismo, las fundaciones crecidas a la sombra de los dos principales partidos políticos alemanes, la Fundación Friedrich Elbert (SPD, partido socialdemócrata) y la Fundación Konrad Adenauer (CDU, partido democristiano), serían las que, con la supervisión de la CIA, financiaran a partir de ese momento a gran parte de los partidos europeos y homogeneizasen finalmente los parlamentos de sus respectivas partidocracias.

Por si alguien no se fía de lo que cuento, toda esta historia se halla, negro sobre blanco, en los archivos que hace años desclasificó el gobierno norteamericano y que Joan Garcés recoge con rigor en su libro Soberanos e intervenidos. La clave estuvo en crear una Alemania a la que no se le negase su natural inclinación a dominar Europa, y un mercado común que frenara nuevas aventuras hegemónicas. Fue de libro la solución que EE.UU. ofreció para evitar futuras inestabilidades en el continente: control absoluto de los agentes, de los hechos y del relato (del storytelling) de esos mismos hechos.

Así que yo, que soy un mero observador con apenas cuatro reglas de la historia humana medio aprendidas, me pregunto hoy lo siguiente: ¿alguien que esté en su sano juicio, es decir, que no se deje llevar por los colores del equipo o por la incontinencia ideológica de siempre, puede esperar algo de las elecciones griegas, gane quien gane?; ¿alguien se cree todavía el cuento de que Syriza es un verso suelto o que Alexis Tsipras no ha sido cooptado por quienes levantaron el chiringuito en 1945?; ¿es posible que nadie sepa ver que lo que está ocurriendo en Grecia forma parte del manual básico de la más básica propaganda: controla al antagonista y controlarás las pulsiones de la masa?

Estas mismas preguntas, cambiando el país y los nombres propios, volveré a hacérmelas este año. Me temo.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s