Colorín colorado

Sí, la ocurrencia de la directora del Instituto Canario de la Mujer, Elena Máñez, parece un chiste. El amor romántico es sexista, dice, utiliza roles que menoscaban la dignidad de la mujer, ya que esta siempre aparece como la parte más débil y desvalida de la relación. Los cuentos infantiles son la expresión más clara y desarrollada de dicha discriminación, asegura, pues las princesas siempre son salvadas por un príncipe azul y todas parecen estar presentes allí con el único objetivo de casarse, ser felices y comer perdices. Es más, concluye, el mito del príncipe azul es patriarcal y heteronormativo, y vuelve invisibles otros tipos de relaciones afectivo-sexuales. ¿No es para descojonarse?

Aunque convendrán conmigo en que lo desternillante del caso no es solo que la retahíla de tópicos feministoides fuese lanzada en un instituto público (el IES San Diego Alcalá de Puerto del Rosario, el miércoles pasado), que ninguno de los asistentes le saltara a la yugular, o que nadie hasta ahora haya exigido la dimisión del Gobierno de Canarias en pleno por utilizar dinero público en mantener una organismo tan idiota (7’2 millones de euros es el presupuesto del Instituto Canario de la Mujer). Lo verdaderamente gracioso del asunto es que, a estas alturas de la película, nos parece tan absurdo el universo hispanistaní que a lo único a lo que puedemos aspirar es a tomárnoslo todo a cachondeo.

Y, sin embargo, permítanme que les amargue lo que queda de domingo advirtiéndoles de que ese cachondeo es la demostración más palpable de que la ingeniería social del régimen está dando sus frutos. ¿Que no están de acuerdo? ¿Que se me ha ido la olla? Pues atiendan, porque, como enseguida verán, la cosa viene de lejos.

Si ustedes tienen algún hijo pequeño puede que hayan caído alguna vez en la tentación de adquirir uno de esos cuentos infantiles que los periódicos solían ofrecer los fines de semana a sus lectores. No hace falta ser un lince de la hermenéutica literaria para percatarse de que, cuando el malvado lobo decide encerrar en un armario a la abuela en vez de comérsela, o cuando Hansel y Gretel se pierden en el bosque por un sencillo despiste infantil y no porque su padre les haya abandonado, ya hay algo que huele a podrido en Dinamarca.

Si, además de ser padres, ejercen ustedes el noble oficio de la enseñanza, sabrán de primera mano cómo se las viene gastando desde hace décadas el apostolado de la educación en valores y, sobre todo, habrán sufrido en sus carnes las fichas tutoriales que el Departamento de Salud Pública tiene a bien endosarles cada semana.

Pero si, siendo padres y docentes, poseen por último la suficiente memoria histórica (y perdonen la boutade), seguro que recordarán que hace años el Congreso aprobó la corrección de los artículos 154.2 y 268 del Código Civil, y que la medida consistía en obligar a los padres a reprender a sus hijos «con respeto a la integridad física y psicológica», es decir, en convertir el clásico “palo en el culo” en algo punible socialmente y, lo es que es más importante, en motivo de sanción legal.

¿Lo ven?: corrección política, educación en valores y sobreprotección del menor son las tres patas de un banco que se llama tutela estatal, que consiste en trasladar, de la sociedad civil (fuente genuina de “mores”) al Estado, la exclusiva de la creación de lo moral. ¿Y cómo creen ustedes que reacciona el personal? ¿Creen que se da cuenta de que los politicuchos del régimen están tratando de usurpar su naturaleza más preciada? ¿Creen que alguien se cosca de la perversión que supone convertir la necesidad de cualquier propuesta política en un acto de fe, y al político (en este caso, la señora Máñez) en el dueño del secreto de la verdad social, en el instaurador de una conducta que exige la antinatural perpetuación de su casta? No, ni de coña. Aquí todo dios se pone mirando a Cuenca, se pitorrea de la medida, por supuesto, pero no mueve un puñetero dedo.

Así pues, me van a permitir que les termine de joder la tarde. Lean con atención lo que tengo que decirles: que La Bella Durmiente o Blancanieves sean considerados sexistas, que haya unos políticos a los que les da por meter sus narices hasta en la manera que ustedes y yo tenemos de enamorarnos, que la lista de tabúes sociales no pare de crecer y que, en definitiva, aquí nadie esté dispuesto a instalar por fin las guillotinas en las plazas públicas, solo significa que, colorín colorado, el cuento de su libertad ya se ha acabado.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

2 comentarios sobre “Colorín colorado”

  1. Si sólo fuesen las fichas tutoriales…a mí me pasaron desde el departamento de psicopedagogía los resultados de un test de dudoso rigor científico (claro está que si procede de una pseudociencia…). El mencionado test, llamado test sociométrico, fue realizado al grupo de bachillerato al que tutorizo, y esos datos revelaban “gravemente” de acuerdo con “la interpretación” del susodicho departamento y del coordinador de convivencia del centro, que había en el grupo un claro caso de acoso escolar. Cuando se presentaron ante mí como los únicos poseedores de la verdad, con cierto cinismo y beligerancia en el tono de sus palabras, no sabía muy bien de dónde me venían las ostias. Allí se repitió una y otra vez que había claramente una víctima y un acosador (me gustaría que conocieran al supuesto acosador), sugiriendo además que, yo había mirado hacía otro lado y que no había realizado bien mi trabajo como tutor. Incluso atreviéndose a “ordenarme” que hablara con la víctima y no con el “agresor”. Cuando hablé en privado con la “víctima”, no sólo me comentó que no tenía ningún problema con el chico en cuestión, sino que se llevaban muy bien, lo único que le recriminaba era ser excesivamente pesado en ocasiones, porque le escondía el estuche y se hacía de rogar para devolvérselo. En fin…¿sería acaso amor? Un Chamán me merece más respeto que toda esta gente…

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