La tensión

Un conocido se ha enfadado conmigo esta mañana porque me he negado a acompañarle a la reunión que Podemos organiza hoy en mi localidad. Hace dos días una compañera de trabajo casi me retira la palabra porque me atreví a llamar corrupto al rey recién abdicado. En esta gigantesca tertulia de casinillo que siempre ha sido España, a los que no hemos minusvalorado todavía la arbitrariedad del régimen político, a quienes nos atrevemos a advertir que aquí nadie lo ha herido de muerte, a los que vemos en todo lo que ocurre la sombra de la propaganda, nos están empezando a caer las del pulpo.

Y cuando pienso que esta tensión se prolongará durante algo más de un año, hasta que se celebren elecciones generales, se me abren las carnes. El PP movilizando a los abstencionistas de los últimos comicios europeos, Atresmedia y Mediaset engordando a Pablo Iglesias y la republica independiente de su casta, y el otro periodismo cortesano, el autodenominado liberal, metiendo miedo con el cuento de Pedro y el lobo radical bolivariano. Con este panorama no sé si emigrar a Suecia y hacerme el sueco, o ponerme un taparrabos y seguir la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

Lo que sí sé es que empiezo a estar hasta las pelotas, no solo del cainismo que ya se huele en el ambiente, sino de esas proverbiales tragaderas con que la mayoría de mis compatriotas están tomándose el asunto y que, al parecer, impiden entender que, en una oligarquía de partidos como la que padecemos, la mejor manera de controlar una explosión social es anticipándola. O soy un extraterrestre o aquí todo dios ha perdido la cabeza, porque juro que a estas alturas de la película no tengo otra forma de explicar la fingida improvisación en la abdicación real y, faltaría más, la aparente espontaneidad de las manifestaciones callejeras. Creada la consigna (de uno y otro signo ideológico), se crea también la realidad. Formulada la polémica, se controlan las pulsiones de la masa.

“Nos conviene que haya tensión”, dijo en febrero de 2008 un Zapatero supuestamente traicionado por un micrófono abierto. ¿Es que ya nadie recuerda que, un mes más tarde, a Isaías Carrasco Miguel, concejal socialista de Mondragón, le volaron los sesos?

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

Un comentario sobre “La tensión”

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