Barra libre

Vamos a ver si la cosa queda clara. Y que conste que no lo voy a repetir más. Así que ya pueden ustedes dejar de hacer aspavientos cada vez que se enteran de que cualquier salvaje hijo de la gran bretaña ha confundido a algún profesor con un saco de kick-boxing, como acaba de ocurrir en el IES Nueva Andalucía de Marbella.

Al loro. Los institutos son los únicos lugares del planeta donde al respetable, siempre y cuando sea menor de edad, no solo se le permite ser un agresor profesional, sino que además se le protege de cualquier clase de desagravio. Por ejemplo, imaginen que su churumbel, sea porque sufre (pobrecito) un déficit de atención de agárrese y no se menee, sea porque proviene (angelito) de una familia totalísimamente superdesestructurada, sea porque necesita (qué culpa tiene) mucho cariño, mucha paz y mucha igualdad de oportunidades, le suelta una guasca a algún compañero en el patio. O mejor, imaginen que le revienta la napia (algo habrá hecho) a su profe de Lengua o le dice zorra (se lo merece, seguro) a la de Biología. Pues bien, si todavía creen que alguien va a ponerle un dedo encima, respiren tranquilos. Porque, después de un proceso en plan peli de abogados (concebido para conseguir la muerte por gangrena burocrática del docente en cuestión), al nene le caerá como máximo un traslado de instituto para que se le siga reconociendo su sacrosanto derecho a la educación y pueda así poner en solfa a sus nuevos compis. Eso si hay más de un centro en la localidad, porque, si no, se quedará para los restos en el mismo sitio, junto al mismo compañero del ojo morado, el mismo profe de la nariz reventada y la misma puta de Biología.

Deben saber también que a las cabezas pensantes de este país se les ha ocurrido la feliz idea de que la violencia escolar se soluciona con el amor, la fraternidad y el buen rollo que solo procuran los llamados planes de convivencia, con los que dicen anteponer la prevención a la sanción. Como se habrán olido, ellos mismos son los primeros en no tragarse semejante idiotez, pero la mantienen porque, desde que empezaron a recetar la pildorita rusoniana que te hace inmune ante cualquier cosa que se asemeje a la culpabilidad, todo dios anda algo empanado, lo cual les proporciona el número de votos necesario para seguir chupando de la teta del contribuyente. Por eso llevan años soltando la perorata de que el problema incumbe, no a la ley, sino a la sociedad, enemigo difuso que se adapta a las mil maravillas a su argumentario de catequesis hortera.

Por si esto no fuera suficiente, si además de tener en casa a un cabrito al que se le va la mano con facilidad, ustedes también son aficionados a solucionar los conflictos como auténticos machos alfa de la manada, sepan que pueden unirse a la fiesta con toda la tranquilidad del mundo. Porque en cuanto a alguien se le ponga la mosca detrás de la oreja e intente meterles mano, están en todo su derecho de alegar que su hijo era una víctima del sistema o que soportaba en silencio alguna clase de acoso. Terminarán reconociéndole como un progenitor que ha hecho lo que debía porque siempre los ha tenido así de gordos, y nadie se atreverá a tocarle un pelo.

Y cuando digo nadie, me refiero a nadie. Ni los docentes, porque son los profesionales más acojonados y acomplejados de este país de las maravillas. Ni la policía, porque siempre llega tarde. Ni los jueces, porque aplican las leyes que tienen que aplicar, es decir, las de la barra libre para aquellos que han decidido calentar el morro de algún profesor.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

5 comentarios sobre “Barra libre”

  1. Me siento plenamente identificado con lo que has escrito. Es el día a día, compañero. A ver si tenemos la suerte de conocerte el sábado que viene cuando vengas por tierras extremeñas. Por cierto, me encanta como escribes. Saludos.

  2. Y lo que es peor, todavía no hemos tocado fondo. Pese a tener una vocación tremenda desde hace mucho para ser profesor de instituto, cada día que pasa voy pensando en si no habrá un tipo de vida más feliz y tranquila, cambiar de todo. Pero, casi como un masoquista, me gusta estar en el aula con los alumnos e intentar estructurar sus cabezas, gracias a las matemáticas. ¿Caso perdido?

  3. El domingo leí en El Mundo el caso de una muchacha víctima de acoso en un instituto asturiano que acabó tirándose por un acantilado. Me dejó conmocionado, acordándome de todos y cada uno de los muertos de todos los mierdas que consintieron semejante aberración. Realmente esta “bondad” extrema roussoniana es prima hermana (si no hermana) de la más absoluta abyección, una muestra palpable de que muchas veces el buenismo exagerado es indistinguible de la perversidad. Me acuerdo de la primera vez que vi “Harry el sucio”. Entonces era progre y la encontré muy “facha”. Hoy me parece puro cine de denuncia y me deja perplejo que ningún padre tome el ejemplo Harry Callahan o de las peliculillas de Charles Bronson o Steven Seagal. Será cierto eso de que constituimos una sociedad admirable.

  4. Dice bien Rafa: la “bondad rusoniana”, hija del resentimiento. Pocas monstruosidades más peligrosas que los implacables batallones de la bondad en marcha.

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