El arroz y la inteligencia emocional

Pongamos por caso que un día usted no tiene nada que hacer, así que llena dos tazones con arroz hervido y comienza a hablarles. A uno de ellos le dice cosas feas, se dirige a él cabreado, o triste, o le cuenta sus penas y todo eso. Al otro le lanza sonrisas, frases de ánimo, algún piropo o un besito en la distancia. ¿Qué cree que ocurre? ¿Nada? Pues está usted muy equivocado. Según Ana Peinado, una psicóloga que desde hace meses recorre los institutos de media satrapía murciana dando charlas sobre inteligencia emocional, ante sus asombrados ojos se obrará el milagro de que el que ha recibido todo su mal rollo se pudrirá mucho antes que el que ha sido agraciado por su simpatía. Bueno, en realidad no se trata de un milagro; como no se cansa de repetir la psicóloga, es un hecho demostrado. O sea, se trata de ciencia.

Me cuenta esto un amigo que lleva sufriendo casi un año a la señora en cuestión. En la primera charla, destinada a los profesores de su centro, se descolgó con ejemplos como el del arroz, aunque también soltó otras lindezas que no recojo aquí para no hacer demasiada sangre. El caso es que, al parecer, semejante presentación causó el esperado sonrojo únicamente en una pequeña parte de los licenciados, doctores y funcionarios que allí se reunían, y que la mayoría de los circunstantes acogió la buena nueva, no solo con interés, sino con auténtico entusiasmo. Tienes que ver  a los del Departamento de Ciencias Naturales, me dice mi amigo, a partir de aquel día están que no cagan con la tiparraca esta.

Tanto es así que, desde entonces, el instituto ha requerido su presencia en más de una ocasión, y las homilías sobre inteligencia emocional han pasado ahora a los virginales oídos de los alumnos, que las reciben en las horas presenciales de tutoría. Por todas las aulas del centro se han colgado carteles donde se pueden leer cosas como: “da siempre las gracias”, “una sonrisa es la mejor recompensa en un día difícil” o “los castigos y los gritos no solucionan nada”. El fervor es tal que ahora hasta colabora en el nuevo programa contra el absentismo escolar que la Consejería se ha sacado del forro, y lo hace siendo la maestra de ceremonias de eventos donde el ayuntamiento y los centros educativos de la localidad donde trabaja mi amigo se suben al carro de la gestión de las emociones.

De dónde salen personajes como la psicóloga de marras es algo que se contesta fácilmente: del mismo lugar del que en su momento salieron los vendedores de crecepelo, los curanderos del mal de ojo, Charles Manson o el Papa Clemente. Es decir, de la bisoñez del personal que los escucha. Pero ahora la cosa está mucho peor que antes, pues la inteligencia emocional, gracias a Howard Gardner, Daniel Goleman y a toda esa troupe de excelsos comunicadores, nos llega con el sambenito de que sus bulos poseen fundamentos rigurosamente científicos, a pesar de que el psicólogo Rolf Degen lleve años dándole una buena somanta de palos a la teoría, y Gerard Matthews, Richard D. Roberts y Moshe Zeidner hayan demostrado que el chiringuito se cae por su propio peso.

Pero, como dice mi amigo, lo peor no es eso, ni tampoco el hecho de que no se esté necesitando mucha vaselina para que semejantes magufos penetren en los centros de enseñanza, y ni mucho menos que doña Ana Peinado se dedique a pasar tests a los alumnos y a cuestionar públicamente el trabajo de los profesores cuando sus resultados no concuerdan con las calificaciones de los chavales en las asignaturas. Lo peor de todo no es que aquí a todo dios se le haya ido la olla o que la educación española parezca salida de un Expediente X. No. Lo más terrorífico, lo más espeluznante del asunto es que, hasta el momento, los servicios de la señora experta en emociones han sido sufragados, a pesar de los recortes, por el instituto y por la asociación de padres. Y eso a mi amigo le ha sumido en un estado de cabreo tal que ya no puede cenar en un japonés sin que el sushi se le termine mustiando en el plato.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

2 comentarios sobre “El arroz y la inteligencia emocional”

  1. Ni Matthews ni Zeidner niegan la existencia de una inteligencia mocional que no tanto se aprende en las aulas sino que se trata de una condicion del individuo una aptitud o una virtud. Se puede conocer o estudiar de manera analitica pero nunca ” aprender a serlo” ….. la inteligencia es poliedrica y esta es solo una de sus caras. Es lo que siempre hemos llamado ” tener mano izquierda” ser simpático o sociable. Y es TODA UNA REALIDAD que efectivamente aporta cotas de felicidad e incluso de exito profesional a sus afortunados portadores, pero no “se aprende a serlo”.
    Estudie en un High School en los Estados Unidos y ya en el año1991 nos hablaban de La Inteligencia Emocional , ahora en España 20 años mas tarde se pone de moda y algunos quieren desacreditarla como si fuera una verdad absoluta y no un simple analisis de una de tantas caracteristicas del ser hunano.Como siempre los Españoles se lo toman todo radicalmente y no con perspectiva, y a criticar se ha dicho aqui “sabemos mas que nadie”.
    Su articulo y humor de su amigo tiene un poco el ” tufillo” de la conocida envidia profesional del tipico mediocre ” maestro librillo” para con un colega de oficio. El tipico maestro de ” culturilla de Magazine” qye ha leido algo en el ultimo numero del “Muy interesante” y quiere ir sentando catedra como tienen por costubre entre sus semejantes en el aula de profesores. Y entre estos maestros de escuela se educan nuestros hijos. Aparquen la evidia e inquinas personales y enseñen, fuera de clase discutan de quien de ustedes tiene mas megas en.la camara de fotos y tirense de los pelos si quieren .
    Soy medico y ,aunque la psicologia moderna que nos enseñaron en la facultad hasta el DSM IV esta llena de mentiras, la inteligencia emocional y social no son una de ellas.

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