Cachondeo typical spanish

Odio el cachondeo typical spanish. Ya sé que decirlo así, con tanta crudeza, no es muy políticamente correcto o, tratándose de España, demasiado patriota. Y máxime si se tiene cuenta que el tema del cachondeo es en este país sagrado, y desde siempre nos ha servido para diferenciarnos del brumoso, circunspecto y flemático norte. La alegría y la jarana, la cervecita al sol, la playa y el chiringuito son ardientes clavos a los que, huérfanos al parecer de otras referencias más serias, nos aferramos con pasión gitana y sangre española.

Porque hay que dejar claro que una cosa es el humor y otra el cachondeo. El humor puede llegar a ser patético y terriblemente triste, y, sobre todo, exponernos, desnudos e inermes, al desierto de lo real. El cachondeo en cambio es una fiesta continua, un fuego de artificio en el que importa menos el fondo que la forma. En España se ha estado confundiendo ambas categorías porque, literariamente, es un país de hueras florituras y retruécanos casposos. Humor, lo que se dice humor, ha habido muy poco a lo largo de la historia, y los humoristas se pueden contar con los dedos de una mano: Cervantes, Lope, algo de Quevedo, Valle-Inclán, Mihura… Los demás son sencillamente unos cachondos mentales.

Pero yo odio el cachondeo no por la vulgaridad de la que este se suele nutrir (hay vulgaridades muy loables y humorísticas), sino por la endémica impotencia nacional que esconde siempre. Está en nuestra parte reptiliana de afrontar la vida agarrarnos un colocón de cachondeo cuando los problemas comienzan a acuciarnos. Las chirigotas de Cádiz, por ejemplo, el Club de la Comedia o las parodias de los mal llamados humoristas son algunos ejemplos. El cachondeo que destilan es la única vía de escape que es capaz de tomar un pueblo tan cobarde como el hispánico. Los españoles sustituimos la rebeldía por la malafollá simplemente porque jamás le hemos echado cojones a la Historia.

Por eso el cachondeo siempre ha estado subvencionado en España, porque es pura ingeniería social. No es extraño, entonces, que los periódicos del régimen estén últimamente tan cachondos ellos. El objeto de sus guasas no es otro que el pobre Juan Manuel Moreno Bonilla, candidato a presidir la Junta de Andalucía con un currículum más falso que un billete de seis euros. Se ríen en sus napias porque es el típico producto de la política indígena: un camarlengo (graduado en Protocolo y organización de eventos) que, desde las juventudes del partido, es capaz de escalar sin despeinarse hasta una Secretería de Estado. Se ríen, sí, e incluso hay quien ha sugerido que esto, en otros países, sería inaceptable y que ya habría provocado alguna que otra dimisión. Pero pare usted de contar. El proceso (muy similar al improperio con el que Pérez-Reverte nos suele asaltar cada domingo) acaba siendo eyaculatorio, entrópico y terriblemente inútil.

Porque tras el cachondeo, aquí no dimite ni dios, la vida sigue, nada cambia y a otra cosa, mariposa.

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

8 comentarios sobre “Cachondeo typical spanish”

  1. A mí me parece profundísimo el análisis. En serio. Para que España saque lo mejor de sí, se necesitan “cargas de profundidad” como ésta. Felicidades. Has dado en una de las llagas.

  2. Muy bueno, David; yo habría añadido el adjetivo onanista a lo que dices de Pérez Reverte. Algunas veces cuando viví en otras tierras pensé en el flaco servicio que nos hacemos los “españoles por el mundo” cuando les hablamos a los del Norte brumoso de nuestra calidad de vida, las cañitas al sol y la juerga continua que supuestamente hay aquí, la imagen que nos creamos y la tierra que nos echamos encima. Llegué a odiar el ritual social ése de las cañitas, y mira que me gusta la cerveza. Y, si me lo permites, te doy un consejo, por experiencia propia: Ten cuidado con estos dardos que lanzas, si no tienes un padrino que re respalde. Ya he comprobado que al final del “Solo ante el peligro” hispano (perdón, High Noon, que ahora tenemos que bilingüizarnos) no está Grace Kelly esperándote.

  3. Maxi, miedo me das con ese consejo. No tengo a Grace Kelly, pero tampoco creo que importe lo que yo pueda escribir.

    Un abrazo, amigo. Tengo ganas de subirme para Toledo. A ver si lo hago un día de estos y te pego un toque.

  4. “ESQUILACHE – Como los madrileños no paran de chancearse a mi costa, incluso con carnavaladas callejeras que me aluden, quise creer hasta hace poco que todo se resolvería en chistes: en esos chistes con que este país lo termina todo para no arreglar nada.”

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