A buenas horas

La directora de mi instituto, en claustro extraordinario, nos va a pasar el jueves un documento, elaborado por los integrantes de ADES (Asociación de Directivos de centros públicos de Enseñanza Secundaria), donde se hace llegar al Consejero de Educación el enfado que estos sienten porque el Gobierno de la taifa murciana les suelta cada vez menos pasta para cubrir gastos y porque se ha empeorado las condiciones laborales de sus docentes.

Se supone que es un escrito que persigue ser refrendado por los claustros de profesores para meter presión e impedir que esto continúe ocurriendo, pero si ustedes lo leen con atención, observarán enseguida que, de enfado o de presión, nada monada. Al contrario. A pesar de que la situación de muchos institutos es literalmente desesperada, ADES vuelve a utilizar el mismo lenguaje contemporizador, el mismo volumen medio que no molesta a nadie, las mismas frases hechas de siempre y la misma falta de concreción en las reivindicaciones.

La semisituación que mediodenuncian no es en absoluto novedosa; llevamos muchos años soportándola. Mientras ellos se tocaban la entrepierna y miraban a Cuenca con el temor repartido entre su plantilla (cada vez más cabreada) y el ojo omnividente del Consejero, a los interinos ya les habían dado la patada, a los profesores con plaza definitiva los estaban desplazando de su lugar de trabajo, las bajas empezaban a tardar en cubrirse (o, sencillamente, no se cubrían) y los comienzos de curso eran un caos cada vez más calamitoso. Pero el caso es que ahora, después de un lustro de tropelías, vienen estos y denuncian algo que ya todos sabíamos cuando ellos guardaban su siempre interesado silencio. A buenas horas.

El documento no es una protesta, tampoco una pataleta, ni siquiera un tímido gemidito, sino una mueca, un inocente mohín que no va a servir para, como allí se puede leer, “revertir la situación”. Si ADES hubiese querido “revertir la situación” habría hecho comunicados públicos desde el minuto uno en que se empezaron a reducir las plantillas, o, mejor todavía, habría animado a dimitir en bloque a sus asociados, o, con un par, a cerrar los institutos desde el instante en que faltase una gota de gasoil en la caldera de la calefacción.

En definitiva, si ADES hubiese querido moverse, si no hubiese estado tan acojonada para moverse, se habría movido, y no se habría descolgado a estas alturas de la película con otro paripé que la retrata como lo que en vedad es: una asociación cuyos componentes ostentan, desde que la LOE se cernió sobre nuestras atribuladas cabezas, un cargo al que se accede básicamente por designación de la Consejería.

Anuncios

Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

2 comentarios sobre “A buenas horas”

  1. Me indigna siquiera hablar de “ellos”. De esos desarraigados.

  2. Querido David:
    Detecto dos sensibles carencias en el escrito de ADES:
    -La póliza de siete pesetas.
    -La adecuada fórmula de cierre: ¿dónde está lo de “Gracia que espera alcanzar de V. I., cuya vida guarde Dios muchos años”?
    O hacemos las cosas bien, o mejor que nos quedemos en casa: si hemos descubierto que las vías ideales para la protesta son los cauces reglamentarios y la instancia por triplicado, cumplamos todos los trámites, o habrá que pensar que esos señores de ADES no se leen bien los boletines. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s