Comunicado del Supremo Mandarinazgo de la Universidad de Murcia

Loado sea el Grande Arquitecto y Su infinita inteligencia, pues los súbditos de nuestra Universidad de Murcia (institución que, como todo el mundo sabe, acostumbra a aparecer en los primeros puestos de las listas de las universidades más importantes del mundo desarrollado) pueden hoy respirar tranquilos. Hace ya tres años que conseguimos librarnos con éxito de un peligroso disidente que amenazaba la armonía del Supremo Mandarinazgo. Nos referimos, claro está, al profesor José Penalva, quien, en un alarde de deslealtad que hacía tiempo no se veía en la Feliz Gobernación, osó publicar un libro, Corrupción en la Universidad, donde arremetía de forma rencorosa contra nuestros más prestigiosos Mandarines.

El señor Penalva siempre sintió por nuestra Alma Máter la biliosa animadversión de quien nunca se supo integrado en sus eficientes estructuras. Con manifiesta desfachatez se saltó a la torera todos los procedimientos acostumbrados de selección (que tan buenos profesionales ha dado a Occidente) y se atrevió a acceder a su plaza por la siempre sospechosa vía del mérito y la excelencia, evitando interesadamente el rigor académico que suele procurarnos nuestro acostumbrado amancebamiento departamental.

No contento con usurpar el puesto de otro profesor que, a buen seguro, habría sido mucho más eficiente en su trabajo, se permitió el lujo de humillar en público a nuestros más conspicuos expertos de la Facultad de Reeducación, al tiempo que se dedicaba a la investigación académica, labor que, afortunadamente, hace tiempo fue desterrada de nuestra Universidad por perjudicial, inútil y contraria, sobre todo, a nuestros más venerables fundamentos institucionales.

Por si todo esto no fuera suficiente, arremetió finalmente contra nuestro Excelentísimo Rector y Supremo Mandarín, achacándole falsamente toda una serie de vicios a los que, como ha de reconocer cualquier persona de bien, siempre ha opuesto su probada imparcialidad, su inquebrantable independencia, su incorruptible ecuanimidad y su admirable profesionalidad.

Nos felicitamos del sabio proceder de nuestros Mandarines, que con su silencio dejaron caer como fruta madura a este dudoso personaje y demostraron esa fidelidad tan necesaria para que nuestra Excelente Institución resista a tan furibundos boicoteadores.

Nos felicitamos también de que los medios de comunicación de nuestra Feliz Gobernación ignoraran el escándalo en su momento y expresasen así su libertad de criterio y su siempre admirable valentía para no dejarse intimidar por elementos tan desestabilizadores.

Nos felicitamos, por supuesto, de que el señor Penalva fuese suspendido de empleo y sueldo y que tuviera que emigrar a una Universidad como la de Oxford, mucho más acorde con su profunda mediocridad.

Sirva este comunicado, empero, para recordarnos que, a pesar de que la paz del Supremo Mandarinazgo de la Feliz Gobernación quedó una vez más restituida por obra y gracia de nuestros amados Mandarines, no hay que bajar la guardia, pues aún el mundo está lleno de conspiradores.

Vale.

(Adaptación de un artículo publicado en aquel heroico Deseducativos)

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

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