Héroes de nuestra propia Historia

La importancia geopolítica de España ha sido más una cruz que una ventaja. Ser cabeza atlántica de Europa y puesto fronterizo entre esta y el continente africano nos ha convertido en una nación intervenida y dependiente de las estrategias políticas del resto de potencias. Quizá por ello continuamos teniendo la sensación de que nuestra Historia siempre la han hecho otros.

Antes que a los mercados, antes que a las multinacionales o al gran capital, las instituciones y la clase política española que mantienen el régimen contra viento y marea se deben a los mismos padrinos que, allá por los años setenta del siglo pasado, las pusieron donde ahora se encuentran. El rey, por ejemplo, es el producto del pacto entre el franquismo y la CIA, los dos principales partidos son un invento de Kissinger y Brandt, y nuestra partidocracia no es más que la solución que se dio al vientre blando de Europa (España, Portugal y Grecia), que durante aquellos años se preparaba para abandonar la dictadura. La prueba indiscutible de todo ello se llama Constitución, documento fabricado de espaldas a los ciudadanos y escrito al dictado de las necesidades de EE.UU. y del Sacro Imperio. Por supuesto, esa obediencia no es tan ciega como pudiera imaginarse, sino que está fundamentada en dos factores que estimo han prolongado la Segunda Restauración hasta hoy. Uno es el lógico oportunismo de quienes participan en el tinglado, que lo aprovechan para escalar posiciones, adquirir cada vez más poder o, sencillamente, continuar chupando de la teta. El otro es el tópico, heredado del franquismo, que considera al español un pueblo irresponsable, inmaduro, al que hay que atar en corto y que debe ser pastoreado para que no vuelva a liarla parda.

Es precisamente combatiendo este prejuicio como podemos salvarnos de la quema, porque la idea romántica de que los pueblos tienen un carácter, una idiosincrasia, no se sostiene por ningún lado. Los españoles no somos especialmente dóciles, al menos no más que los franceses o los italianos. Bien es verdad que nuestro pasado está repleto de oportunidades frustradas y que en muchas ocasiones nos hemos dejado llevar demasiado alegremente por los factótums del régimen, pero eso no significa que en algún momento podamos ser los héroes de nuestra propia Historia. Para ello hay que reconocer a los actores del drama y distinguir en sus gestos, en sus rostros, en sus consignas, la impostura o la arbitrariedad.

Se me ocurre que podríamos empezar no sintiéndonos decepcionados con el PP o con el PSOE por ser incapaces de emprender cambios sustanciales en la decrepitud del régimen. Luego, quizá deberíamos trascender todos esos razonamientos que tienden a simplificar el desmadre actual haciéndolo depender de explicaciones profundamente moralistas y judeocristianas del tipo “si acabamos con los políticos ladrones, se acaba con la crisis”. Seguidamente, habría que rechazar cualquier movimiento ciudadano que pretendiese regenerar la cosa pública siguiendo la hoja de ruta marcada por la Constitución. Y por último, tendríamos que huir de quienes continúan manteniendo posturas políticas que únicamente tienen que ver con esas cuestiones de justicia distributiva (desahucios, salario mínimo, externalización de la gestión de los servicios públicos, etc.) que no son más que anzuelos de los que el régimen dispone para polarizar la opinión pública y convertir el debate en un simple encontronazo ideológico.

Y así, cuando nos hayamos quedado ligeros de equipaje, casi desnudos como los hijos de la mar, la solución se presentará diáfana ante nuestras propias narices.

(Continúa en Héroes de nuestra propia Historia 2)

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Publicado por

David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura

One thought on “Héroes de nuestra propia Historia”

  1. En el artículo lo dice claro. La vlave esta en la separación de poderes que de este modo se contrapesan y controlan entre si. Algo de lo que carecemis en España por el escaso nivel democratico de los partidos y de los que kes votamos. Un pais sin una justicia insependiente NO es un pais demecrático y no tiene futuro como tal, por mucho municipalismo que se desarrolle los ciudadanos seguirán a merced de la corrupción

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